9 de abril 2013 - 00:00

Rendición de Aguer ante Bergoglio en el Vaticano: retiro anticipado

Héctor Aguer
Héctor Aguer
Lema episcopal: «Silenti opere». Al borde de cumplir 70 años, sin la posibilidad de llegar a ser consagrado cardenal, con la reciente frustración por la designación de monseñor Mario Poli al frente del Arzobispado porteño -cargo que pretendía como trampolín al anillo cardenalicio- y con su principal adversario al frente del Vaticano, Héctor Aguer se rindió ayer en la Santa Sede ante Jorge Bergoglio, el papa argentino.

Líder de ala más conservadora del Episcopado argentino, donde preside la Comisión de Educación Católica, Aguer fue un explícito rival de Bergoglio en la interna de la curia. La consagración del jesuita como sucesor de Pedro puso punto final a esa disputa y, también, clausuró virtualmente la carrera eclesiástica del arzobispo de La Plata. Religioso purista de claustros y liturgias, este ultraortodoxo prelado defensor del Opus Dei siempre cuestionó en silencio la militancia política de Bergoglio en los barrios bajos y la politización que le imprimía, en tono bíblico, a cada una de sus homilías.

Desde la década del 90, Aguer siempre aspiró a comandar la Arquidiócesis de la Ciudad de Buenos Aires, un tobogán directo a la categoría de cardenal que ahora quedó reservada para Poli, quien asumirá el próximo 20 de abril. Aguer afianzó entonces sus vínculos con Esteban Caselli, exembajador menemista ante la Santa Sede, y fue nombrado capellán conventual de la Soberana Orden Militar de Malta y Gran Canciller de la Universidad Católica de La Plata. Con la consagración de Bergoglio como sucesor de Benedicto XVI, esa guerra de estilos y visiones de la Iglesia Católica devino abstracta.

Más allá del encuentro formal de ayer en el Vaticano, en los círculos eclesiásticos ya circula fuerte la posibilidad de que Aguer haya pedido la jubilación anticipada pese a no haber traspasado el límite de 75 años de edad. Sin carrera eclesiástica por delante, con el desastre del temporal consumado en La Plata, con Bergoglio papa y sin la posibilidad de sucederlo ni como arzobispo porteño ni como cardenal, la administración de la Arquidiócesis platense recae ahora en los dos obispos auxiliares, Alberto Bochatey y Nicolás Baisi, ambos designados por Joseph Ratzinger a pedido de Aguer.

En el plano protocolar, el papa Francisco escuchó de Aguer la situación crítica de La Plata tras el trágico temporal que dejó más de 50 muertos. Así lo informó ayer la oficina de prensa de la Santa Sede, el mismo día que el Sumo Pontífice lamentó la muerte de la expremier Margaret Thatcher. Cuando era un cura de civil, Bergoglio siempre militó a favor de la causa Malvinas y atendió personalmente a los excombatientes. Como nuevo líder universal de 1.200 millones de fieles católicos, y luego del pedido de Cristina de Kirchner para que interceda en el reclamo de soberanía, Francisco hizo equilibrio más allá de su pensamiento.

Aguer viajó a Roma para participar de la reunión anual de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) y, durante su estadía, ya había mantenido la semana pasada un "cordial encuentro" con el Papa, según informó la agencia AICA, a quien "notificó permanentemente de la evolución de los hechos" en La Plata.

La semana pasada, el Papa puso a disposición de la arquidiócesis de La Plata la suma de 50 mil dólares para que sean destinados a la ayuda de emergencia a las víctimas de las inundaciones en la capital bonaerense y su zona de influencia.

En tanto, el sábado el Papa argentino mantuvo una conversación telefónica con el gobernador Daniel Scioli, ante quien se solidarizó por la tragedia y le pidió que "siga adelante con su lucha y su trabajo, porque Dios lo cuida".

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