26 de febrero 2010 - 00:00

Represión y censura en el entierro del disidente cubano

Una imagen del disidente cubano Orlando Zapata se exhibe en una concurrida vigilia en La Habana. La ciudad de Banes, en la que se realizó el entierro, vivió un ambiente de absoluta opresión.
Una imagen del disidente cubano Orlando Zapata se exhibe en una concurrida vigilia en La Habana. La ciudad de Banes, en la que se realizó el entierro, vivió un ambiente de absoluta opresión.
La Habana - El preso político del régimen cubano Orlando Zapata, quien murió tras una huelga de hambre de dos meses y medio, fue sepultado ayer en su pueblo natal, en el este de Cuba, bajo gran vigilancia de las fuerzas de seguridad y un centenar de arrestos, muchos temporales. El Gobierno de Raúl Castro quedó de tal manera expuesto ante el mundo, tanto por las insólitas razones de conciencia por las que fue en 2003 detenido Zapata, como por las condiciones carcelarias a las que somete a los disidentes.

Conmocionada y acompañada por decenas de opositores, Reina Tamayo, de 60 años, encabezó el sepelio de su hijo en un recorrido de pocos kilómetros en auto fúnebre desde su vivienda hasta el cementerio de la ciudad de Banes, 850 kilómetros al este de La Habana.

«No murió de rodillas, murió de frente. La muerte de mi hijo me tiene que dar mucha fuerza, valor. Muchos hermanos me acompañaron, pero hemos sido reprimidos y custodiados por los agentes de la seguridad del Estado hasta el último instante», aseveró Tamayo en comunicación telefónica desde Banes.

Zapata, de 42 años, detenido en 2003 y quien cumplía una suma de 32 años de condenas por desacato a las autoridades, desorden y otros cargos, falleció el martes en un hospital de La Habana y su cuerpo fue trasladado a Banes, en la provincia de Holguín.

Responsabilidad

En un hecho inusual, el presidente Raúl Castro lamentó el miércoles la muerte, negó la práctica de torturas en Cuba como -dijo- sí ocurre en la base estadounidense de Guantánamo (este de la isla) y responsabilizó a Washington, al que acusa de financiar a la oposición con u$s 50 millones anuales.

«No admito mensajes de Raúl Castro de condolencias. Ustedes me asesinaron premeditadamente a mi hijo», sentenció Tamayo como respuesta.

Tras el deceso, un centenar de disidentes fueron detenidos temporalmente en comisarías y en reclusión domiciliaria. «Ha habido muchas detenciones, así el Gobierno buscó desdibujar el funeral», reveló ayer Elizardo Sánchez, de la ilegal Comisión de Derechos Humanos.

La Policía se instaló cerca de la casa de Tamayo, la funeraria, el cementerio y la entrada al pueblo, relató Berta Soler, de las Damas de Blanco -esposas de presos- y quien fue al pueblo con opositores como la emblemática Martha Beatriz Roque.

Mientras tanto, en La Habana, algunos opositores colocaron lazos negros en las puertas de sus casas y velas frente a la foto de Zapata, como en la vivienda de Laura Pollán, líder de las Damas de Blanco, donde se abrió un libro de condolencias, con 135 firmas hasta ayer.

Blog

«Que esta atrocidad arroje luz sobre los presos de conciencia y por motivos políticos», escribió la bloguera Yoani Sánchez, poco después de ser retenida en la calle por agentes del régimen.

Reconocido por Amnistía Internacional (AI) en su lista de 65 prisioneros de conciencia, Zapata es el primero que muere en la cárcel desde que en 1972 falleció el disidente Pedro Luis Boitel, tras 53 días en huelga de hambre.

La muerte de Zapata motivó ayer el reclamo de liberación de presos políticos por parte del jefe del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero -cuyo país preside la Unión Europea- y la secretaria de Estado, Hillary Clinton.

«Debemos exigir al régimen cubano que devuelva la libertad a los presos de conciencia y que respete los derechos humanos», afirmó Zapatero, a quien la oposición conservadora española ve como concesiva con el régimen castrista.

Desde Washington, la ex primera dama norteamericana afirmó a los legisladores que «reiteramos nuestra fuerte objeción a las acciones del Gobierno cubano».

En medio del silencio latinoamericano, sobresalió la voz del presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, quien lanzó una «enérgica condena».

La Iglesia Católica local se sumó a las críticas. «Reiteramos la petición a las autoridades que tienen en sus manos la vida y la salud de los prisioneros que se tomen las medidas adecuadas para que situaciones como éstas no se repitan», escribió la Conferencia de Obispos Católicos de la isla. Los obispos dijeron que pidieron varias veces visitar a Zapata en prisión, pero no fue posible.

Agencias AFP, EFE y Reuters

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