Reunión del G-20 recalienta puja por desequilibrios comerciales

Edición Impresa

Washington - Si Estados Unidos quiere tener éxito en su intento por equilibrar el crecimiento económico global deberá convencer a China, a Alemania y a otros grandes exportadores de que no habrá un retorno a los momentos de bonanza previos a la crisis. Estados Unidos está pidiendo a sus principales socios comerciales que abandonen una estrategia que les dio jugosos resultados durante años: fabricar productos para exportarlos a un insaciable consumidor norteamericano.

Ahora que la crisis financiera mostró que incluso los estadounidenses están limitando sus gastos, Estados Unidos espera que el momento esté maduro para finalmente avanzar en un tema del que ya se habló mucho, pero poco se hizo aún. No es un movimiento exento de riesgos para el presidente Barack Obama. Si espera que los grandes exportadores cambien sus modos, tendrá que cumplir las promesas de resolver la delicada situación fiscal de su país, lo que implicaría tomar decisiones políticamente impopulares como recortes de gastos o alzas de impuestos.

«La clave aquí es si el resto del mundo cree que Estados Unidos realmente va a dejar de ser el consumidor de última instancia», opina Fred Bergsten, director de Peterson Institute for International Economics en Washington. Para Bergsten, la crisis financiera mostró a China y a otros grandes exportadores las desventajas de depender demasiado de las exportaciones. Cuando el comercio colapsó, la economía del país asiático se debilitó, aun cuando sus bancos no estaban expuestos a los activos malos que desataron la recesión global.

El plan estadounidense busca concretar un marco de trabajo hacia el mes de noviembre para reajustar la economía mundial, bajo el cual los países del G-20 evaluarían las políticas para ver si están ayudando a cumplir la meta. El FMI estaría en el centro del esfuerzo. Según el plan, el Fondo estimaría el impacto de las políticas y evaluaría informes al G-20 dos veces por año con sugerencias.

Los desequilibrios se generaron durante los tiempos de auge en el crédito, cuando los consumidores estadounidenses echaban mano libremente a su riqueza inmobiliaria y a las tarjetas de crédito para financiar sus gastos. A medida que el déficit comercial estadounidense se disparaba, países como China acumulaban enormes reservas monetarias. Muchos economistas sostienen que si bien esos desequilibrios no causaron la crisis, contribuyeron a que hubiera bajas tasas de interés que alentaron a los inversores a volcarse hacia activos riesgosos en busca de mejores rendimientos. Pero Pekín rechaza ese argumento y dice, en cambio, que la falta de regulación en los países ricos fue la causa de la crisis. Ésa es una de las razones por las que Eswar Prasad, profesor de la Universidad de Cornelly, piensa que será difícil para Estados Unidos convencer a China de que apoye los esfuerzos para paliar los desequilibrios. «Lo ven como un intento solapado por parte de Estados Unidos para llevar el tema nuevamente a la mesa de una manera indirecta», señala Prasad, que viaja regularmente a Asia para reunirse con autoridades chinas.

En el pasado, intentos para resolver el exceso de consumo en Estados Unidos y desalentar el fuerte ahorro en otros países fracasaron, sobre todo porque el FMI no tenía la influencia para exigir a las naciones desarrolladas un cambio en sus políticas. Washington espera que una diplomacia más suave funcione mejor y piensa que plantear el tema, que hasta ahora fue manejado por los ministros de finanzas, a los jefes de Estado resultará más efectivo.

El Gobierno de Obama mantiene un tono conciliador en su relación con Pekín y toda-

vía no fue enfático en presionar a China para que revalúe su moneda. Desde hace años, Washington busca que Pekín permita una mayor apreciación del yuan para que el país asiático dependa menos de las exportaciones.

Agencia Reuters

Dejá tu comentario