24 de marzo 2014 - 00:00

Revelan detalles de espionaje (fallido) a Chile en 1938

El entonces mayor Juan Domingo Perón, en una imagen del 25 de mayo de 1936, en la Embajada argentina en Santiago, a cargo en ese momento de Federico Quintana.
El entonces mayor Juan Domingo Perón, en una imagen del 25 de mayo de 1936, en la Embajada argentina en Santiago, a cargo en ese momento de Federico Quintana.
¿Perón fue espía en Chile? En 1936, el entonces mayor del Ejército Argentino fue designado agregado militar en el país trasandino. Eran épocas en las que existían conflictos por los límites fronterizos, algo casi tradicional en la historia de las dos naciones. Anticipando lo que vendría después, la llegada de Perón tuvo una alta repercusión en Chile por la personalidad del militar argentino y todo lo que despertaba entre sus pares. Inició Perón una red de espionaje que delegó en su reemplazante en su cargo en 1938, el entonces mayor Eduardo Lonardi, quien a los pocos meses fue detenido mientras intentaba fotografiar documentos militares secretos de Chile. Giros de la historia, Lonardi luego fue quien efectuó un intento de golpe contra Perón en 1951 y luego en 1955. Repitió y participó del golpe que logró su derrocamiento.

Lo sucedido en Chile en los últimos años de la década del 30 y el fallido espionaje argentino son el tema de un reciente libro de Adrián Pignatelli titulado: "El espía: la operación de espionaje de Perón y Lonardi en Chile". El autor accedió a documentación inédita de la investigación en Chile, el expediente militar de la Justicia de ese país, testimonios de sus protagonistas, las memorias de Mercedes Villada Achával, esposa de Lonardi, y buceó datos de los boletines militares en la embajada argentina en Chile. En los legajos de Juan Domingo Perón se sustrajeron los originales y se reemplazaron con fotocopias, en las que no figuran los incidentes ocurridos en Chile.

En 1936 y no sólo en ese año, la función de todo agregado militar, además de los tradicionales vínculos con las fuerzas armadas en el país de destino, era la de recoger todo tipo de información sensible. Ya en su función, el embajador argentino Quintana informó a Buenos Aires de la detención en Puerto Montt de Manuel Enrique Funes Lastra, un cordobés de 34 años acusado de espionaje. A fin de ese año asciendieron a Perón al grado de teniente coronel, para lo cual se hizo una multitudinaria recepción organizada por el embajador argentino. Según relata Pignatelli, Perón le adelantó a Lonardi al momento de sucederlo que el jefe del Estado Mayor General del Ejército le impuso la orden verbal de establecer un servicio de informaciones en Chile y obtener documentos secretos de interés para la Argentina. Y lo puso al tanto de una operación destinada a obtenerlas, y en particular la relacionada con eventuales planes de ataque chilenos. Lonardi consultó con Buenos Aires y le ordenaron continuar con la operación iniciada.

Pero, en paralelo, los militares chilenos ya estaban al tanto de los planes argentinos. Y los dejaron transcurrir. Hasta el sábado 2 de abril de 1938. Ese día Lonardi concurría junto con un exmilitar chileno al domicilio de su fotógrafo, para precisamente obtener copias de supuesta documentación valiosa. Súbitamente ingresó al departamento un numeroso grupo de policías vestidos de civil, armas en mano, y detuvo a todos los presentes. Lonardi tenía inmunidad diplomática y, tras ser sometido a una declaración, fue enviado a la Argentina. El resto de los partícipes permaneció detenido varios años. Perón luego señaló el error de Lonardi: no haber tomado las fotografías en la sede de la embajada argentina, imposible de ser allanada, al tiempo que no debió mostrarse con el fotógrafo en ese momento. Las pujas luego entre ambos seguirían. Pero los incidentes en Chile ahora cuentan con detalles históricos más valiosos.

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