8 de agosto 2016 - 00:00

Revive la economía de EE.UU., vuela Wall Street (y Trump está en baja)

Se generan más puestos de trabajo y, como siempre, resurge la Fed con suba de las tasas para fin de año.

Janet Yellen
Janet Yellen
El mercado de trabajo de los EE.UU. sorprendió de nuevo. En mayo se frenó cuando nadie lo esperaba, resucitó en junio con bríos enormes, y este viernes dejó claro que la pujanza no cedió un ápice en julio. Se vaticinaba la gestación de 180 mil empleos, y se registraron 255 mil. Los meses previos, tras la revisión de rutina, sumaron otros 18 mil. ¿El segundo semestre asoma a todo galope? No se lo aguardaba ni tan robusto ni tan urgente. Wall Street, como los boy scouts, siempre listo, sabe cómo actuar en la emergencia. No lo dudó, fue expeditivo. Hizo lo que un mes atrás en idénticas circunstancias, saltó los récords con garrocha. Y tuvo éxito al primer intento. El S&P 500 y el NASDAQ coronan nuevas alturas. Las acciones financieras, tecnológicas y ligadas al consumo discrecional tomaron el liderazgo. Si se le da la oportunidad, el mercado bull la embiste y se abre paso. Cuando no se lo provoca, no tiene apuro y duerme la siesta.

¿Cómo se explica la brecha entre el vértigo de las condiciones laborales y la abulia sostenida de la economía? El pronóstico nowcast de la Fed de Atlanta apunta a una rápida conciliación: la actividad crecería el 3,8% en el tercer trimestre (y el 8,8% la inversión del sector privado) poniéndose a tono con la fluidez de los conchabos. Menos excitable, la visión del consenso en Wall Street orilla aún el 2,5%. Si el recorrido del espinel de los indicadores económicos confirma la necesidad de ajustar la mira elevándola en más de un punto del producto, entonces las acciones tendrán combustible de sobra para trepar más alto. Pero esa doble validación es clave. Las predicciones nowcast son ultrasensibles a la data más reciente, y se reservan el derecho de virar de opinión en una baldosa ante pequeños cambios en el ángulo del viento. O sea, quien confíe demasiado en ellas puede perder de súbito la escalera y quedar colgado del pincel. Dicho esto, y sabiendo que la economía devoró inventarios por 1,16% del producto el trimestre pasado, cabe esperar un próximo auge de apostadores de brocha gorda.

Si bulle el mercado laboral (¡pensar que hubo que inventar el QE3 para reanimarlo!), si la economía repunta, y los mercados vuelan a gran altura, ¿qué papel asumirá la Fed? ¿Hay motivos todavía para la cautela que esgrimió su titular, Janet Yellen, originalmente en marzo, cuando lo que se temía con razón era un descenso a los infiernos? Ya resuenan voces de funcionarios deseosos de retomar la faena inconclusa de izar las tasas de interés. John Williams, de la Fed de San Francisco, no descartó que los retoques fueran dos antes de terminar el año. Y la tenaz Esther George, que preside la Fed de Kansas City, votó en la última reunión por empezar a ajustarlas ya. Nadie se sorprenda de escuchar un discurso cada vez más áspero. Y Janet Yellen podría blandirlo a fin de mes en la cumbre de banqueros centrales de Jackson Hole. Si el buen tiempo persiste, la pregunta es de rigor, ¿querrá poner manos a la obra en septiembre? La respuesta es sencilla. ¿Para qué correr el riesgo de fabricar nubarrones con una definición electoral en ciernes? Ya se enfrentó la vicisitud en junio -cuando pendía la decisión del "brexit"- y hubiera sido un error grave anticiparse. La resolución puede esperar a diciembre.

Si la economía hizo su aporte, la política no se quedó atrás. La campaña de Donald Trump mordió la banquina en una pequeña semana trágica. Los pronósticos nowcast (que están de moda) lo daban ganador tras la convención republicana, y hoy lo incineran. Trump juega a los flejes, a todo o nada. Nada sería una catástrofe para los republicanos: no acceder a la presidencia y probablemente la pérdida del Senado. Todo sería una catástrofe para la nación, y probablemente un golpe de nocaut al mercado bull. Hay que entender, pues, que las penurias de Trump no se deben sólo a las audacias de su febril improvisación. Que la economía y la Bolsa se afiancen en estos tres meses cruciales aumenta sobremanera las chances del partido en el Gobierno. A su modo, la embestida de los toros es la reacción refleja de su propio instinto de conservación.

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