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Richard Meier, maestro de arquitectos en la XII Bienal
Las obras del arquitecto norteamericano Richard Meier (quien vendrá a la XII Bienal de Buenos Aires) son esculturas cuya rigurosa geometría es animada por un fino impulso estético.
La rigurosa geometría de sus obras, convertidas en verdaderas esculturas, se destaca en los museos que ha diseñado, como en el más reciente el Ara Pacis en Roma.
El Altar de la Paz (Ara Pacis) fue inaugurado en el 9 a.C El primer registro de sus restos data del siglo XVI, en un grabado de Agostino Veneziano realizado antes de 1536, que muestra parte del friso. La recuperación se completó en 1938, tras excavaciones realizadas en distintas etapas.
El diseño de Meier, convocado por la Comuna de Roma para proyectar el museo, destaca la grandeza del monumento que alberga y logra mantener la máxima visibilidad del Ara Pacis, convertido ya en parte del paisaje urbano.
Meier proyectó también el Museo de Artesanías de Francfurt, Alemania; el Gran Museo de Arte de Atlanta, el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, y el Centro J. Paul Getty, de los Angeles. Este último reúne sus edificios ligados por puentes, senderos, y patios, en una pendiente de 272 hectáreas en las montañas de Santa Mónica.
Es una capital de arte en un cerro que domina la ciudad. El arquitecto había montado un estudio en Los Ángeles con cien jóvenes arquitectos que colaboraban. Pero él era el único que seguía trabajando a mano, ya que todo su staff dibujaba con computadora. También alquiló una vieja carpintería y con alumnos de la facultad hacía modelos al 50%, probaba la luz en las pinturas colgadas, el aire acondicionado y la circulación del público. Tardó ocho años en terminar la obra que tuvimos el gusto de correr personalmente con el hacedor de este conjunto.
El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona es un impecable prisma rectangular de hormigón, acero y vidrio, con 14.000m2 de superficie cubierta, distribuidos en tres niveles (planta baja y dos pisos elevados). Se trata, en verdad, de dos cuerpos de diferentes dimensiones: uno, pequeño, se alza sobre el sector de la derecha; el otro, de mayor longitud, ocupa el lado opuesto.
Economía de medios, y abundancia de espacio para el acervo del Museo y de las muestras temporarias. Si, como dijimos, el edificio es impecable en sus formas externas -severas y dinámicas a la vez-, la disposición interior es también un prodigio de virtuosismo, que combina orden y soltura, racionalidad y fantasía.
Otro es el Museo de Televisión y Radio de los Angeles, cuyo acervo atesora más de 75.000 programas de ambos medios, que cubren un espacio de 75 años. Se alza en Beverly Hills y, como en todas las realizaciones de Meier, la luz natural es aprovechada al máximo. Con sus fachadas transparentes, el edificio tiene vistas a la calle y desde el exterior, tanto para el transeúnte como para el visitante del Museo, en la rotonda del hall y las galerías de la planta baja.
El Museo de Televisión y Radio de Los Angeles es, por así decirlo, la rama Este de su similar en Nueva York, cuyo edificio, habilitado en 1991, fue diseñado por Philip Johnson. Se trata en este caso, de una torre de dieciséis pisos, exigida, sin duda, por el paisaje urbano neoyorquino. En cambio, la sucursal de Los Angeles reclamaba una estructura distinta que Meier ha logrado con su especial sentido creativo.
En 1962 a los cinco años de obtener su diploma en la Universidad de Cornell, Richard Meier (1934) abrió su estudio, después de haber trabajado en Skidmore, Owings y Merril y en la firma de Marcel Breuer. Sus primeras realizaciones fueron residencias unifamiliares: La Casa Lambert, en Fire Island, Nueva York; La Casa Smith, en Darien, Connecticut y la Casa Saltzmann, en East Hampton, Nueva York .
Interesado en las experiencias de Le Corbusier y de Wright, Meier fue definiendo un estilo caracterizado por el orden racional y la armonía sensible: el juego de volúmenes cúbicos y blancos. La disposición de los interiores -basada sobre la libertad y la flexibilidad de las plantas-, la transparencia ante la luz natural, la implantación en medio de la Naturaleza, hicieron de sus viviendas verdaderas esculturas, en las cuales la rigurosa geometría es animada por un fino impulso estético.
Estos rasgos alcanzaron extremos de sutil belleza en la Casa Douglas, en Harbor Springs, Michigan, emplazada sobre un terreno en pendiente. Fue el estrellato de Meier, y enseguida sucedieron los encargos de grandes edificios urbanos de índole pública: el Centro de Desarrollo del Bronx, en Nueva York; es una institución para niños inadaptados; el Centro de Congresos Atheneum, en New Harmony, Indiana, y la sede del Canal Plus de París, entre otras.
Entre tanto Meier siguió destacándose en la tipología residencial unifamiliar, como lo demuestran la Casa Ackerberg de Malibú, California, y la Casa Rachofsky, en Dallas,Texas.
Fue el cuarto arquitecto norteamericano distinguido con el Premio Pritzker, después de Philip Johnson, Kevin Roche y Ieoh Ming Pei.
En su discurso de recepción, resumió su ars architectonica al señalar que «mi preocupación es la luz y el espacio; no el espacio abstracto, no el espacio sin escala, sino una forma cuyo orden y definición están ligados ala luz, a la escala humana y a la cultura arquitectónica».


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