30 de mayo 2011 - 00:00

Rico, un karma para Cristina, Moyano y el PJ

Aldo Rico, jefe del PJ de San Miguel, quiere volver a ser intendente y tiene la posibilidad de lograrlo. El combo es, para la Casa Rosada, explosivo: puede atrincherarse en el partido y terminar, a gusto o no, colgado de la boleta de Cristina de Kirchner.

La novela del carapintada aporta, además, un protagonista taquillero: Hugo Moyano. Fueron, en otros tiempos, socios y sostenes de la aventura presidencial de Adolfo Rodríguez Saá. Mantienen diálogo fluido y ensayan, en sigilo, una alianza política.

Es un expediente complejo. La Presidente, avisan en Gobierno, no quiere a Rico en la boleta oficial. Pero como jefe del PJ podría reclamar el derecho -hasta en la Justicia- de participar de la primaria del Frente para la Victoria y luego de tener la boleta oficial.

Ese dilema requiere, para resolverse, una negociación mano a mano con el carapintada para que acepte competir por fuera del partido, renunciar a la jefatura oficial y encabezar una boleta «corta», sólo local. La instancia es, en ese caso, únicamente política.

Hay un antecedente. En 2009, en las mismas condiciones, Rico compitió con el partido de Alberto Rodríguez Saá. Y ganó. El contexto era otro: la marca Kirchner tiraba para abajo; ahora lo hace hacia arriba.

La intervención de Moyano no es dato inocuo. El camionero valora a Rico como un aliado y dice que, como todos los peronistas, tiene derecho a llevar la boleta oficial.

La Casa Rosada y Daniel Scioli exponen un razonamiento radicalmente distinto. No quieren a Rico como su candidato local. Hubo, desde Balcarce 50, una propuesta para que el ex intendente y ministro de Seguridad de Carlos Ruckauf delegue la candidatura en su hija Manola.

Rico rechazó la sugerencia. Todo tiene su explicación: la esposa del carapintada, Marisa Guilanea, fue la promotora del retorno de su marido a las pistas electorales y a batallar por la alcaldía de San Miguel.

Parece irreversible su candidatura. Por eso, por separado, desde el Gobierno nacional y desde la gobernación iniciaron gestiones para armar un esquema local para derrotar al ex militar que encabeza todas las encuestas.

Ése es el otro factor complicado. El plan K, que comparte el sciolismo, de «evitar» una victoria de Rico en San Miguel, requiere que todas las vertientes no riquistas se unan y lleguen a las elecciones alineadas detrás de un solo candidato.

«Si vamos en dos listas, gana Rico», le avisó uno de los referentes locales a Scioli. El informe que llegó al despacho de Carlos Zannini, dos semanas atrás, presenta la misma conclusión: si el kirchnerismo se divide, el ex militar volverá a ser intendente.

Tercer inconveniente

En ese punto, estalla el tercer inconveniente: el no-riquismo lo integran el jefe comunal, Joaquín De la Torre, el diputado provincial Franco La Porta y referentes K como Roberto «Gringo» Lopresti, patrocinado por Fernando Suárez -y a través de éste por Julio De Vido- y Teresita Navarro, vinculada con la agrupación Kolina, de Alicia Kirchner. Pero la unidad no es simple.

Es más: De la Torre aparece «vetado» por un sector de la Casa Rosada, aunque, se asegura, ese expediente todavía no llegó a manos de Cristina de Kirchner. Lopresti ha sido explícito al respecto al cuestionar los alineamientos del jefe comunal -una reunión con Mauricio Macri y hasta la firma, en el 89, de una solicitada pro militar-.

Scioli, en tanto, propone impulsar la unidad y sugiere, como primera opción, que el intendente busque su reelección. Pragmáticos, en La Plata, creen que el formato más efectivo para evitar un triunfo de Rico es apostar a De la Torre, que se ubica segundo en intención de voto, unos puntos abajo de Rico y unos arriba de La Porta.

Ese atado figura entre los asuntos a resolver por Cristina de Kirchner y se emparenta con otros donde el presidente del PJ no podría llevar la boleta oficial.

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