Los inspectores de la AIEA arribaron el sábado a Teherán encabezados por el ingeniero nuclear italiano Massimo Aparo para confirmar que Irán no produce uranio enriquecido, excepto el combustible que requiere para mantener en actividad un reactor de uso médico.
Según el acuerdo de Ginebra, que será sometido a su primera revisión a partir de los resultados de esta inspección, Irán sólo puede utilizar las centrales centrifugadoras de Natanz y Fordow para generar electricidad, con un enriquecimiento de uranio autorizado hasta el 5%. El que tiene actualmente con un nivel de puereza del 20% debe ser, asimismo, diluido para no vulnerar aquel tope. Para obtener una bomba atómica el enriquecimiento debe llegar al 90%.
También es el caso de la única planta de energía nuclear de Irán, la de Bushehr, que está en la agenda de los inspectores de la AIEA para una visita a sus instalaciones. Irán se comprometió también a desactivar la central de agua pesada de Arak, que podría producir plutonio.
La visita de los inspectores de la AIEA, el organismo nuclear de la ONU, que formalmente iniciarán sus actividades el lunes, constituye el paso clave en la aplicación del acuerdo entre Irán y el Grupo 5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania). A partir de difusión del informe de los inspectores, si este es positivo, Estados Unidos procederá a levantar algunas sanciones económicas y el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE sesionará en Bruselas para hacer lo propio. Esas medidas tendrán una vigencia de seis meses, mientras se busca un acuerdo definitivo.
Estados Unidos también se comprometió a no establecer ninguna nueva sanción, algo que estaba pendiente de tratamiento en el Congreso.
La UE, por su parte, levantará el bloqueo a la industria petroquímica iraní y liberará en ocho cuotas un monto de 4.200 millones de dólares congelados en bancos europeos, con un pago inicial de 550 millones de dólares a comienzos de febrero (ver nota aparte).
La aplicación del pacto nuclear es uno de los hechos más relevantes de la política internacional actual, ya que desactiva por el momento el riesgo de una guerra de incalculables consecuencias en Medio Oriente. Israel y las monarquías petroleras del Golfo, enemigas de Irán, observan con fuerte recelo este desarrollo.
| Agencias ANSA, EFE y DPA, y Ámbito Financiero |


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