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Riguroso diccionario de films argentinos

Tercera entrega de un diccionario que promete seguir, apenas sus autores recobren fuerzas, el tercer tomo de «Un diccionario de films argentinos» abarca prácticamente todo el material realizado entre los años 2003-2009, lo que es mucho decir, tratándose de una etapa de enorme expansión que diluyó muchos límites. Antes, una película era una película comercial y su fecha de nacimiento era la del estreno en una sala comercial. Punto. Las excepciones (obras didácticas, largometrajes de Jorge Preloran difundidos por el Fondo Nacional de las Artes, etc.) eran eso, excepciones. Pero ahora también se llama película a cualquier dvd hecho entre amigos y difundido en circuitos alternativos, o mostrado sólo en algún festival, sin carrera posterior de ninguna especie.
El trabajo de recopilación y confirmación de datos se hace mayor. ¿Llegó a verse realmente tal o cual obra? ¿Existe de veras? ¿Y cómo conseguir opiniones fehacientes sobre ella? ¿Y qué es, exactamente, en una época en que ya no se diferencia film de telefilm o videofilm como se hizo en los 80? ¿Deben anotarse como argentinas obras como «Tropa de elite», «Gigante» o «La sociedad de la nieve», donde nuestro país apenas participó como socio menor en la coproducción? (pero bien nos gustaría que fueran nuestras). Los autores hicieron el sacrificio de ver todo lo posible, y del resto confiaron en catálogos de festivales (los del Incaa están atrasados e incompletos) e informes posibles de cotejo en la red. De cada obra, no importa que sólo se haya visto en una salita cultural de 20 asientos, el diccionario apunta sus datos, anota su sitio de Internet, si lo tiene, y acompaña opiniones de algunos críticos, que desgraciadamente en la gran mayoría de los casos son siempre los mismos.
Muy graciosos, al respecto, los desdenes de algunos opinólogos contra «El secreto de sus ojos». Hacen recordar de inmediato la frase de un viejo productor hollywoodense «no saben cómo he llorado leyendo sus críticas mientras iba al banco a cobrar mis ganancias», o la de Sarmiento a los taquígrafos del Congreso, «anoten lo que dicen mis enemigos, para que la posteridad sepa con qué clase de bestias he tenido que lidiar».
Con algunos desajustes propios de cualquier recopilación de material en proceso (por ejemplo, obras que al cierre estaban inéditas pero luego salieron a la venta directa en dvd), pero con mucha información, un buen índice general de los tres tomos, una clasificación temática algo risueña pero muy útil, y un anexo de correcciones de los tomos anteriores (gentil aporte del historiador Blanco Pazos), este tercer tomo bien merece hacerse un lugar junto a los anteriores. Y si la producción nacional sigue como se promete, en menos de cinco años tendría que salir el cuarto tomo.
Paraná Sendrós


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