20 de junio 2012 - 00:00

Río+20: cumbre ampulosa, planes módicos

Río de Janeiro - Los negociadores de 193 países lograron ayer un acuerdo sobre medio ambiente, que será sometido a la aprobación de jefes de Estado en la cumbre Río+20 y que, de inmediato, fue criticado por ambientalistas por su falta de ambición.

«Es una victoria para Brasil»
, celebró Dilma Rousseff, anfitriona de la cumbre, en la reunión del G-20 de países desarrollados y emergentes que se realiza en Los Cabos, México.

Rousseff destacó la dificultad de ponerse de acuerdo sobre un texto que «contempla posiciones distintas», pero resaltó un acuerdo que «respeta la soberanía de cada país».

«Tenemos un texto 100% acordado por los 193» países de la ONU, se felicitó el canciller brasileño, Antonio Patriota. «Significa una victoria del multilateralismo. El espíritu de Río continúa vivo, 20 años más tarde» de la Cumbre de la Tierra de 1992, añadió.

El texto de 49 páginas será sometido al centenar de líderes que se reunirán del 20 al 22 de junio en Río en el marco de la mayor conferencia en la historia de la ONU. La Unión Europea celebró el llamado a avanzar hacia una «economía verde». «El mundo ha indicado hoy que debemos avanzar hacia el desarrollo sostenible y una economía verde inclusiva es un camino central para lograrlo. Sin embargo, reconocemos que Río es sólo el comienzo», indicó en un comunicado.

Los europeos aspiraban a la creación de una agencia mundial del medio ambiente que reemplazara al PNUMA, el programa de la ONU sobre medio ambiente, pero se toparon con la oposición de Brasil y Estados Unidos, y debieron conformarse con reforzar el actual sistema.

El documento significa «un firme paso hacia adelante», elogió el enviado estadounidense para cambio climático, Todd Stern.

El texto final también lanza «Objetivos de Desarrollo Sostenible» que comprometerán a todos los países con metas sociales y ambientales y sustituirán los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, que expiran en 2015. Los «ODS» serían elaborados en 2014 e implementados al año siguiente.

En contraste con la grandilocuencia de los objetivos planteados, los países en desarrollo, agrupados en el G-77, lamentaron la falta de promesas de los países ricos para financiar la transición a una economía verde.

El texto «es débil porque no incluye las obligaciones de los países desarrollados para el financiamiento de políticas sostenibles», dijo a René Orellana, jefe de la delegación de Bolivia.

Para ecologistas y organizaciones sociales, el texto no responde a lo que necesita el planeta para hacer frente a una demanda del 50% más de alimentos, el 45% más de energía y el 30% más de agua para 2030.

«El documento no tiene la ambición necesaria para salvar al planeta o a los pobres. Este resultado mínimo señala la falta de valentía política» de quienes lo adoptaron, afirmó Meena Raman, de Third World Network.

«Los líderes tendrían que tener más presente que la crisis es coyuntural y el problema del medio ambiente es para siempre», evaluó Martin Khor, de la ONG South Centre.

Participarán en la cumbre el primer ministro chino Wen Jiabao, el ruso Dmitri Medvédev y el indio Manmohan Singh, así como el presidente francés François Hollande, el sudafricano Jacob Zuma, el iraní Mahmud Ahmadineyad, la argentina Cristina de Kirchner y la mayoría de los latinoamericanos.

Pero también habrá sonadas ausencias, como las del líder estadounidense Barack Obama y la jefa del Gobierno alemán, Angela Merkel.

A 40 kilómetros de la conferencia oficial, en la playa de Flamengo, unos 1.500 indígenas y activistas realizaron un dibujo humano para protestar contra la construcción de represas en la Amazonia, sobre todo contra la gigantesca Belo Monte sobre el río Xingú.

Con sus cuerpos, formaron un enorme globo terráqueo rodeado por olas, con un indígena dentro apuntando al sol y la inscripción «Río para la vida».

Agencias AFP y Reuters,

y Ámbito Financiero

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