24 de julio 2012 - 00:00

Rivales de Moyano frenan su congreso

Hugo Moyano, Antonio Caló, Oscar Lescano, Omar Viviani
Hugo Moyano, Antonio Caló, Oscar Lescano, Omar Viviani
El bloque opositor a Hugo Moyano en la CGT frenó el cronograma electoral con el que planeaba crear una central obrera afín al Gobierno. Los «gordos» de los grandes gremios de servicios, los «independientes» y los exaliados del camionero suspendieron un encuentro que tenían previsto realizar hoy en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) ante la falta de definición sobre un candidato para encabezar el sector, conflictos internos y, sobre todo, el temor a una avanzada del Ejecutivo sobre sus obras sociales.

Desde los tres grupos confirmaron anoche que recién volverán a encontrarse el lunes próximo, en la UOM. Y todos pusieron en duda la realización de un Congreso de autoridades el 3 de octubre, como fue enunciado en reuniones anteriores. El freno al cronograma fue resuelto ayer en un encuentro que mantuvieron los «gordos» Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo (Sanidad) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza) con los «independientes» Gerardo Martínez (albañiles, UOCRA) y Andrés Rodríguez (estatales de UPCN).

La versión amable de la suspensión de la reunión y del proceso electoral apunta a la intención de los rivales de Moyano de sumar a más dirigentes al núcleo. Otros, en cambio, admitieron que la caída de las acciones del metalúrgico Antonio Caló para presidir una nueva CGT, y los inconvenientes para encontrarle un reemplazante constituyeron la razón principal. En ese contexto, como publicó ayer este diario, el taxista Omar Viviani se coló en la pelea con el argumento de que cuenta con el favor del Gobierno para oficiar de interlocutor privilegiado.

Otra razón, menos prosaica, abona el parate en el sector opositor: Gerardo Martínez pidió salir de escena por unos días ante el recrudecimiento de las denuncias en su contra relacionadas con la causa judicial en la que se investiga su posible participación en los organismos de inteligencia de la última dictadura. El dirigente prefería no mostrarse hoy al entrar en la UOM ante la previsible andanada de preguntas en esa línea por parte de los periodistas.

La incertidumbre es generalizada en el sector. Además de los inconvenientes internos, todavía intentan digerir el golpe que representó, sin aviso previo, la absorción de los fondos extraordinarios de las obras sociales sindicales por parte de un organismo controlado directamente por el Ejecutivo. Y que Cristina de Kirchner hubiese firmado el decreto para hacerlo dos días después de recibirlos en la Casa de Gobierno, adonde apenas les obsequió el anuncio de una pronta convocatoria al Consejo del Salario.

Los pasos de la jefa de Estado motivaron movimientos en todas las líneas de la CGT. En silencio, Gerardo Martínez retomó el diálogo con Juan Carlos Schmid (dragado), uno de los principales colaboradores de Moyano. El líder de la UOCRA fue uno de los principales defensores de la idea de mantener al camionero al frente de la CGT para sobrellevar una etapa del Ejecutivo que, presumen, será de más ajuste que distribucionismo. Si bien luego se subió al pedido del Gobierno de aislar a Moyano y fue un portavoz clave para la oposición, los últimos cambios de escenario lo motivaron a reanudar las negociaciones.

Del lado del camionero comenzaron a desandar el camino inverso. El referente optó por reducir sus críticas públicas al Gobierno y le dio aire a su segundo en la nueva CGT que fundó dos semanas atrás, el petrolero patagónico Guillermo Pereyra, para que mostrara señales conciliadoras. Pereyra fue el primer sindicalista de ese sector que dio a conocer que volvería a votar por Cristina de Kirchner y luego le siguió en la misma línea Schmid.

Cerca de Moyano dijeron que se trata de una estrategia deliberada, a la que graficaron con la fórmula del «uno-dos». El jefe de los choferes será la cara visible de la oposición política al Gobierno mientras su adjunto en la CGT mantendrá abiertos los canales de diálogo con el oficialismo. De hecho, Pereyra aceptó integrar el directorio de la expropiada YPF y nunca cortó el vínculo con el ministro de Planificación, Julio De Vido.

La teoría del camionero es que las divisiones de sus opositores y la escasa atención del Gobierno a las demandas sindicales terminarán por dejarlo bien parado en la interna de la CGT. Cree Moyano que incluso sus peores rivales se encolumnarán detrás de él en salvaguarda de sus bienes más preciados: las obras sociales. Como publicó este diario, la mayoría sospecha que los últimos movimientos del Ejecutivo en el sector sanitario apuntan a una estatización de parte de la estructura de las prestadoras sindicales.

Pero hay otra razón que empuja a los «gordos» y a los «independientes» a mirar nuevamente con simpatía al camionero. El resurgimiento de juicios hasta ahora dormidos, así como las acusaciones públicas contra varios dirigentes, convierten a Moyano en un mejor dique de contención que la mayoría de sus rivales. Detrás de esos señalamientos casi todos los dirigentes sindicales sospechan de la presencia de la mano del Ejecutivo.

El resultado de las negociaciones quedará cristalizado el lunes próximo en el plenario de dirigentes que harán los opositores a Moyano en la UOM. Para entonces los «gordos» y los «independientes» estarán sobre el límite de tiempo para convocar al Comité Central Confederal (CCC) previsto para el 23 de agosto y para el Congreso de renovación de autoridades del 3 de octubre, en Obras Sanitarias. En lugar de avanzar en esa línea, los principales dirigentes de ambos grupos creen que se optará por un nuevo llamado -más enfático- a la meneada «unidad del movimiento obrero», con una clara señal hacia el sector de Moyano.

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