Carlos Rottemberg: «Se pone como ejemplo de crisis que
no se hará ‘Chicago’, pero sólo se postergó porque el año
que viene habrá cinco musicales de primer nivel y el mercado
no soporta tanto.»
"¿Crisis? ¿Qué crisis?", protesta Carlos Rottemberg, «esa pregunta suele ponerme de mal humor». El conocido productor es un especialista en balances y pronósticos («Me gusta ser pragmático porque soy empresario, no artista»), y siempre se las ingenia para encontrarle una explicación a los imprevisibles vaivenes de la actividad teatral. En sus más de treinta años de oficio, probó de todo: desde fragmentar un teatro en varias salas, alquilar el Tabarís a una iglesia evangélica hasta hacer que una sala comercial, como el Lorange, funcionara por un tiempo con entrada a la gorra. Aún hoy no deja de construir teatros (para 2010 está prevista la inauguración del nuevo Teatro Argentino). Su última «locura» fue ofrecer durante todo noviembre funciones gratuitas del espectáculo «La vuelta al mundo en un violín», en el Teatro Liceo (viernes y sábados a las 20.30 y domingos, a las 19).
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Rottemberg explica: «Tuve ganas de devolverle algo al público por estos 15 años que cumplo al frente del Liceo», sala que él mismo salvo de la piqueta.
Periodista: Usted se da el lujo de hacer funciones gratuitas cuando otros empresarios suspenden estrenos por el «efecto jazz».
Carlos Rottemberg: Mire, ninguna crisis está afectando al teatro. En Capital Federal subió alrededor de 6 por ciento la afluencia de público, de enero a octubre de 2007 y de enero a octubre de este año subió casi 5 por ciento más. Si un señor amigo de la Asociación de empresarios como es Daniel Grinbank, decide astutamente -y con mucha razón- posponer el estreno de «Chicago» es porque nunca hubo tantas comedias musicales juntas como las que van a estrenarse en abril del año que viene. Grinbank es inteligentísimo, en lugar de «Chicago» va a hacer dos producciones. En agosto estrena una obra con Norma Aleandro, Andrea Pietra y Mercedes Morán. También estrena con Florencia Peña, que iba a ser la protagonista de «Chicago», y Luis Luque, «Frankie y Johnnie», un proyecto que tenía pendiente desde hace tres años, y lo hace en el teatro Picadilly que además lo tomó él.
P.: ¿Y por qué se sigue hablando de crisis?
C.R.: Eso es lo que no entiendo. ¿Por qué nadie dice, después de tantos años de anunciarlo, que por fin se va a hacer «El fantasma de la Opera», producido por los brasileños que compraron el Teatro Opera, donde debuta en abril? ¿Por qué no le preguntan a Pablo Kompel, que además de seguir todo el verano con «Hairspray» va a producir «El joven Frankenstein» en comedia musical con Guillermo Francella en el Astral? ¿Por qué no le preguntan a la gente del Teatro Colón y a Diego Romay si es verdad o mentira que toda la programación del Colón va a pasar al Teatro Nacional? ¿Y por qué no le preguntan a Pepito Cibrián por «Otelo» y el otro musical -hace dos no uno- que va a estrenar el año que viene?
P.: Entonces no fue por el «efecto jazz» que se suspendió «Chicago».
C.R.: Desde luego que no. Es que en ese contexto saturado de musicales, más los espectáculos que vienen de afuera, lo que hizo Grinbank es correrse por diez minutos, porque Buenos Aires nunca resistió tantos musicales; en este caso van a ser cinco. Insisto, lo de la crisis es mentira. Se está construyendo y produciendo más teatro que nunca. Nosotros no suspendimos a nadie; al contrario, estamos tomando más gente.
P.: Mejor hablemos de la temporada de verano. ¿Los perjudicó el cambio de horario? El año pasado hubo muchas quejas de parte de los empresarios.
C.R.: Después nos dimos cuenta, en la práctica, que si la función de las 21 había sido un fracaso o un éxito, en la de las 23 sucedía lo mismo. Y le digo más, un hombre exitosísimo como Nito Artaza, que en sus mejores temporadas vendía entre 60.000 y 65.000 entradas en el Teatro Atlas, el verano pasado hizo 100.000 con Antonio Gasalla. Fue la única vez que ocurrió algo así en Mar del Plata, hasta tuvimos que cambiar de sala. Por eso le decía, cuando llegó el mes de abril nos tuvimos que callar bien la boca con lo del horario.
P.: ¿Sigue pensando que una entrada a un buen espectáculo comercial debería costar como una cena en un buen restaurante?
C.R.: Así es. Si me pregunta los precios para este verano, las comedias van a estar a 80, 70 y 60 pesos y los musicales y revistas a 100, 80 y 70.
P.: ¿Los demás productores manejan los mismos precios?
C.R.: Sí, más o menos. Ahora estoy viendo que «Hairspray» y «Eva», con Nacha Guevara, tienen entradas a 150 pesos. La verdad es que no lo entiendo.
P.: Es demasiado.
C.R.: Por supuesto, y la revista de Jorge-Lanata está a 180 pesos. Pero no es que el público pague realmente eso. Pasa como en las compañías aéreas que uno llama y no sabe cuánto va a pagar, y después le pregunta a alguien: ¿usted cuánto pagó? «Diez». ¿Cómo, soy yo el tarado que pagó treinta viajando en el mismo avión? Está ocurriendo un poco eso. Yo soy más conservador: a mí me gusta que el precio de entrada que pongo sea exactamente el precio al que se vende.
P.: ¿Por qué están tan sobrevaluadas las mejores ubicaciones?
C.R.: Porque los sponsors de esos espectáculos necesitan hacerles descuentos a sus clientes con algún tipo de tarjeta de crédito o de banco, entonces suben el precio para bajar el precio.
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