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Rusia y Turquía desde hoy buscan imponer su idea de paz en Siria
Reunirán a representantes de Bashar al Asad y de grupos rebeldes. El Kremlin refuerza su liderazgo en la región a expensas de EE.UU.
TODO LISTO. Trabajadores ultiman los preparativos para la reunión negociadora sobre Siria que comenzará hoy en la capital kazaja.
Su presencia ya hace prever una dura lucha por cada milímetro de avance. En cualquier caso, los rebeldes solo quieren negociar sobre el frágil el alto el fuego vigente en el país desde el 30 de diciembre, y en general se niegan a hablar de política mientras se siga combatiendo. El propio Al Assad también espera que sólo se hable de la tregua, según dijo el jueves último en una entrevista.
Por eso "nadie espera que en Astaná se forje un acuerdo político amplio, sino que se fortalezcan las posiciones sobre un alto fuego de mayor alcance", señaló el experto turco Sinan Ülgen, un exdiplomático que trabaja para el "think tank" Carnegie.
La reunión de Astaná es "una especie de puente" hacia las conversaciones de Ginebra, dijo el embajador ruso ante la ONU, Vitaly Churkin. Pero es un puente fuera del mundo occidental. Kazajstán, una exrepública soviética con raíces turcas, está dentro de la zona de influencia tanto de Moscú -que apoya al Gobierno de Damasco- como de Ankara -que respalda a la oposición-.
Tampoco incluyen a algunos de los grupos opositores más importantes, como Ahrar al Sham, una gran agrupación yihadista del norte de Siria, y a otras potencias regionales, como Arabia Saudita y Qatar, aunque sí a Irán.
El acuerdo para celebrar allí un encuentro evidencia también el aumento de la influencia de Rusia en Siria, y el menor peso de EE.UU..
La administración de Barack Obama se oponía al Gobierno sirio del presidente Al Asad y era reticente a cooperar con Rusia para combatir a los grupos considerados terroristas por la ONU, como el Frente al Sham, el antiguo Frente al Nusra vinculado a Al Qaeda. Pero Trump ya manifestó su intención de cooperar con Rusia en la lucha contra el terrorismo, que considera una amenaza inminente para su país.
En los últimos meses Turquía también suavizó su discurso contra Al Asad, un viejo aliado de Rusia, mientras recompone su relación con Moscú, que sufrió un revés en 2015 después de que un jet de combate turco fuera derribado por un avión de guerra ruso en la frontera con Siria.
La cúpula turca, descontenta con el apoyo de Estados Unidos a las fuerzas kurdas opositoras, se "inclinó tácticamente" hacia Rusia, apunta Ülgen. "Las conversaciones de Astaná ofrecerán una oportunidad para que Turquía presione por un cese del fuego más general y para intentar establecer puntos de convergencia común con Rusia e Irán para un acuerdo político en Siria", dijo.
| Agencia DPA |


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