Sabroso elogio del fingimiento

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Adam Soboczynski «El arte de no decir la verdad», (Barcelona, Anagrama, 2011, 184 págs.) 

«Este libro, apreciada lectora, apreciado lector, contiene 33 historias que tratan de cómo desenvolverse con habilidad en un mundo en el que acechan las trampas y reinan las intrigas». Y la forma de hacerlo es, según Adam Soboczynski, con «el arte del fingimiento que, con una tradición milenaria a sus espaldas, experimenta su retorno». A partir de ahí se encadenan 33 desopilantes ensayos que, a la vez, son cuentos donde se entrecruzan personajes y que enseñan, entre otras cosas, a controlar los arrebatos, fingir interés, parecer auténtico, hacerse el ofendido, mostrarse culto pero no demasiado, simular un acuerdo, estar delgado o poner furiosos a los demás.

Para el portugués Fernando Pessoa, el fingidor es «un poeta que finge constantemente, que hasta finge que es dolor el dolor que en verdad siente». Para Soboczynski, el fingimiento, las mentiras y las apariencias son cosas que deben conocerse bien porque tienen hoy la misma relevancia que tenían en la época cortesana. De forma magníficamente socarrona «El arte de no decir la verdad» retoma burlonamente la idea de obras que fueron best sellers en el pasado enseñando a comportarse socialmente, como el «Manual de Urbanidad y buenas costumbres» de Manuel Carreño en el siglo XIX, o «Cómo ganar amigos e influir sobre las personas» de Dale Carnegie en la siglo XX, donde los buenos modales, las cortesías, las gentilezas, en el fondo eran técnicas de actuación, manipulación y búsqueda de ascenso social, por más que no se presentaran de ese modo.

En el siglo XXI la cuestión es que todo eso es consciente, y «El arte de no decir la verdad» es un sabroso sarcasmo de los manuales de autoayuda. Soboczynski suele terminar los capítulos con una antimoraleja del tipo «el artista del fingimiento aplica una arriesgada estrategia equivalente al autoengaño: oculta premeditadamente sus flaquezas. Esta ocultación es tal vez su garantía del éxito y su talón de Aquiles». O recuerda que «en el trabajo deseamos buenos días a personas que detestamos y eso nos salva de matarnos los unos a los otros». O señala que «las buenas maneras crean distancia entre las personas». Y no deja de hacer tener en cuenta que «inteligente es aquel que es capaz de ocultar a tiempo su inteligencia».

Pero Soboczynski, por más que cite a Gracián, La Rochefoucauld, Chamfort y Baltasar de Castiglione, no se queda en aforismos, los desliza al pasar. Lo suyo son cómicas fábulas actuales. En «Parecer culto», por caso, cuenta la cena en la que un amigo, joven arquitecto, quiso ser más culto que su jefe, y terminó perdiendo categoría, casi su puesto y casi su mujer.

Adam Soboczynski, polaco residente en alemania, director del suplemento cultural del semanario «Die Zeit», doctorado en Letras con una tesis sobre Von Kleist, es una de las estrellas del periodismo y la narrativa germana actual. En su primer libro «Tango polaco» fingió un reportaje sobre Polonia para criticar la actitud de los alemanes hacia los polacos. En su obra más reciente «Tiempos brillantes, casi una novela» trata sobre en qué vale la pena el esfuerzo de aquellos cuyo lema es «ni alcohol, ni tabaco, ni carne, ni...». «El arte de no decir la verdad», sobre el discreto encanto del fingimiento que acomoda socialmente, es su primer libro traducido al español.

M.S.

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