En 2008 la pantalla de televisión mostraba un teléfono sonando en medio de la noche, una y otra vez, sin ser nunca atendido. Era Hillary Clinton reflejando lo que según ella sería la política exterior de su principal adversario: Barack Obama. Tres años después, con Obama presidente y Clinton secretaria de Estado, la crisis egipcia nos muestra que el llamado fue recibido, aunque tal vez demasiado tarde. Hace dos semanas el vicepresidente Joseph Biden ratificaba por TV que Hosni Mubarak era un gran aliado de los EE.UU. y que estaba lejos el momento de su retiro. El lunes -en privado- el Consejo Nacional de Seguridad admitía que no tenía ningún plan de contingencia ante la caída de Mubarak. En su discurso a La Unión el 25 de enero, Obama no hizo ninguna referencia a Egipto. En agosto, noviembre y diciembre de 2010 una resolución bipartidaria clamando libertad y democracia para Egipto, fue rechazada por el Congreso. La CIA, a pesar de su presupuesto de mas de u$s 80.000 millones, nunca envió al Comité de Inteligencia del Senado ningún reporte alertando de lo que pasaba en Egipto. Los duros reclamos norteamericanos a Mubarak únicamente le solicitaron lo que él ya había anunciado: que no se presente en las próximas elecciones. Este viernes, por primera vez, Obama aceptó responder al periodismo alguna pregunta sobre el tema. Si solo miramos el 2,27% que ganó el Dow en la semana -el viernes +0,25%- cerrando en 12.092,15 puntos, el insignificante 0,19% que perdió el dólar ante las principales monedas, el 0,35% que cedió el petróleo (los commodities subieron en promedio un 1,61%), la suba de la tasa a 3,65% o la baja del desempleo al 9%, parece que tuvimos una semana ganadora.
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