San Lorenzo clasificó sin sufrir en la altura

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La diferencia de cinco goles que había sacado en el partido de ida fue un colchón más que suficiente para que San Lorenzo llegue por primera vez en su historia a la final de una Copa Libertadores, casi sin sufrir.

Bolívar salió a remontar el resultado desde el primer minuto, pero le faltó categoría y hasta suerte para revertir la historia, porque a los 5 minutos el español Sánchez Capdevila tiró una "vaselina" por sobre Torrico y la pelota rebotó en el travesaño.

San Lorenzo supo defenderse con la pelota y sin ella, tratando de graduar el oxígeno para llegar hasta el final, y a medida que pasaban los minutos aprovechó la desesperación del equipo boliviano, que con su apuro desperdiciaba las pocas posibilidades de gol que generaba.

En el comienzo del segundo tiempo Bolívar desperdició dos jugadores claras, por centros al área, el talón de Aquiles de la defensa de San Lorenzo, por lo que Bauza puso a Walter Kanemann por Ignacio Piatti para reforzar el sector. Bolívar siguió intentando hasta el final, pero cada vez con más desesperación y menos ideas, sabiendo que ya era imposible revertir la historia. Yecerotte pudo romper el maleficio y marcar un gol, pero ya no había tiempo para nada.

San Lorenzo jugó con inteligencia, cuidando la pelota y el resultado, nunca "sobró al rival y por eso no sufrió o sufrió muy poco en la altura de La Paz. Ahora tendrá que vérselas con Nacional de Paraguay, que el martes eliminó a Defensor Sporting aunque perdió en Uruguay por 1 a 0. El paraguayo es un equipo ordenado que hace valer la condición de local, pero no es un rival extraordinario, por lo que San Lorenzo puede empezar a soñar con el título que anhela desde hace más de 50 años y que nunca pudo conseguir.

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