2 de julio 2009 - 00:00

Sandra Bullock, la villana domesticada

Contra todo pronóstico, Sandra Bullock y Ryan Reynolds no hacen mala pareja en «La propuesta», comedia romántica liviana y módicamente entretenida que marca el regreso de la actriz al género.
Contra todo pronóstico, Sandra Bullock y Ryan Reynolds no hacen mala pareja en «La propuesta», comedia romántica liviana y módicamente entretenida que marca el regreso de la actriz al género.
«La propuesta» (The Proposal, EE.UU., 2009, habl. en inglés) Dir.: A. Fletcher. Guión: P. Chiarelli. Int.: S. Bullock, R. Reynols, M. Steenburgen, B. White.

La comedia romántica que marca el regreso de Sandra Bullock después de varios intentos de cambiar de género (entre ellos, su composición de Nelle Harper Lee en «Infame» de Douglas McGlath, la más respetable), no podía ser más liviana. Margaret Tate, su personaje, empieza pareciéndose bastante a la malvada que compuso Meryl Streep para «El diablo viste a la moda». De hecho, ella también es editora estrella, sólo que de libros, y las primeras escenas son casi idénticas: todo el personal se paraliza de terror cuando alguien da el alerta de su llegada a la editorial, donde no bien entrar ya está martirizando a su joven y devoto asistente (Ryan Reynolds) y despidiendo a un colega de menor rango, que presa del odio, le grita «arpía venenosa».

La tiranía de Margaret dura poco en la película, ya que minutos después de ese episodio es advertida por las autoridades de la empresa de que, por no haberse ocupado del asunto a su debido tiempo, Inmigración no le renovó la visa (ella es canadiense) y está a punto de ser expulsada de Estados Unidos. Ahí mismo se le ocurre una idea: extorsionar a su asistente para que se case con ella. Justo ese fin de semana, el chico iba a irse a su casa, en un pueblito de Alaska, a celebrar los 90 años de su abuela, y allá van, juntos, en carácter de novios, para sorpresa de la familia y el pueblo en general. En tres días ajetreadísimos todo habrá cambiado en esa relación despareja, como corresponde.

El guión de Pete Chiarelli es un cóctel de apropiaciones de films de toda época y clase, pero al menos evita la estructura de sitcom a la que parece condenada la comedia mainstream norteamericana. Aunque tampoco se le pasó por la cabeza evitar los clichés y la corrección habituales, su mérito es no interrumpir la continuidad con remates de gags cada tanto y, en cambio, elaborar diálogos y situaciones módicamente ingeniosos. La directora Anne Fletcher aprendió algunas cosas desde «27 bodas» a esta parte; básicamente a limitar la gesticulación innecesaria de los intérpretes.

Además de Bullock, que incluso se ríe un poco de sí misma, el resto de los actores está bien elegido. Ryan Reynolds (hasta hace poco más conocido, y envidiado, como marido de Scarlett Johansson) es un partenaire decoroso, y en el reparto hay gente valiosa como Mary Steenburgen (la madre del novio) y, sobre todo, la experimentada comediante Betty White como la abuela.

Nada del otro mundo, pero entretenido aún cuando ya terminó la película, porque con los créditos finales se puede ver una gozosa burla a la «política» de inmigración norteamericana.

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