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Sandro vuelve a la vida en un musical
La asombrosa performance de Fernando Samartín como el cantante homenajeado y el buen desempeño del resto del elenco son lo mejor del irregular musical «Por amor a Sandro».
Quizá la pretensión haya sido apuntar al tipo de espectáculos musicales que suelen ser tradicionales en la cartelera de la Broadway. Los efluvios de aquella calle, transportados al nombre del teatro, no alcanzaron sin embargo para tanto. Y entonces debería decirse que probablemente el mayor problema de este «Por amor a Sandro» esté en esa pretensión. Desde allí, Daniel Dátola (junto a director general y los demás responsables de cada rubro) parece haber construido un espectáculo teatral-musical, con muchas canciones y con partes habladas y/o danzadas y con una trama algo superficial que va hilando el recorrido. El nudo del argumento está en la parodia cariñosa hacia las fans incondicionales del ídolo, esas «nenas» que el cantante convirtió en una de sus marcas. La protagonista de la historia es Alicia (Natalia Cociuffo), quien acompaña la vida musical de Sandro (Fernando Samartín) desde sus comienzos con Los de Fuego, con algo más que admiración. Sin embargo, a lo mejor como tantas otras en la vida real, arma su vida matrimonial junto a Antonio (Christian Giménez), un fracasado ex cantante de rock reconvertido en bondadoso y enamorado hombre común. Y a ellos se agregan parientes y amigos, interpretados por un elenco amplio y muy profesional, que van redondeando pequeñas anécdotas secundarias.
El problema de ese desarrollo dramático es que resulta demasiado breve para la extensión algo excesiva del espectáculo (que incluye un intervalo). Pero además, el relato se hace entrecortado y por momentos entra en pozos que hacen decaer la atención, responsabilidad compartida entre el guión y la dirección de Ariel Del Mastro.
Como se dijo ya, bailarines y cantantes secundarios (los respectivos «coros») cumplen eficientemente con lo suyo, más allá de que no todos los cuadros grupales alcancen el mismo grado de interés. Son divertidos, por ejemplo, algunos momentos con los amigos del bar de Antonio; y no tanto otros dedicados más específicamente al baile.
Pero donde «Por amor a Sandro» hace olvidar todo lo demás, y termina resultando una propuesta muy digna de ver -sobre todo para quienes aman la música del cantante, claro- es en el trabajo de varios de los integrantes del elenco. La orquesta dirigida por Julián Vat entrega arreglos e interpretaciones que enlazan el modelo Sandro con su propio aporte hacia el sonido moderno. Es muy bueno el desempeño de los actores/cantantes protagónicos Natalia Cociuffo y Christian Giménez. También merecen una mención destacada las participaciones de Leandro Bassano, Leo Bossio (especialmente cuando juega el papel del imitador «Beto»), Mariela Pusseri, Julián Puchetta (haciendo un muy querible «Marquitos») o Jimena González. Y, finalmente, hay que ponerse de pie frente al descollante trabajo del protagonista central, Fernando Samartín, en la piel de un Sandro que se parece tanto al original -en sus gestos, su timbre de voz, su modo de cantar, su máscara, sus muecas- que uno termina preguntándose si se trata de una actuación antológica o si es, sencillamente, un hermano desconocido del artista.


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