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Santa Claus cumple y deja alzas en Wall St.
Barack Obama
¿Qué tan potente es la bazuka de los pases a tres años que desenfundó el BCE? De movida infinitamente más que el programa formal de expansión cuantitativa que ejecuta el BCE a velocidad de caracol. Y que no hizo pestañear a nadie (¿alguien acaso lo tiene presente?). Pero tampoco produjo -ni por asomo- la detonación que se le adjudica. Aunque en este caso lo que abunda no daña. Todo lo contrario: bienvenido es que al único banco central reacio a mostrar los dientes se le inventen colmillos. El BCE concedió pases por 489 mil millones de euros a tres años. Y 169 mil millones de euros a siete días. Y casi 30 mil millones a tres meses. O sea, 688 mil millones de euros. Pero el aumento neto de la asistencia es una fracción de esa cifra: la banca canceló vencimientos de pases a una semana y tres meses por 432 mil millones de euros. Y decidió prorrogar a tres años casi 46 mil millones de euros que había tomado originalmente a un año. La inyección neta de fondeo es de 210 mil millones de dólares, casi un tercio del stock total de apoyo concedido por el BCE a la banca en su rol de prestamista de última instancia. Que se diga que el banco central desembolsó «500 mil millones de euros» es inexacto pero útil para cimentar el predicamento del BCE que, si pretende dominar la crisis, debe mostrarse poderoso como honesta la mujer del César. Importa que lo sea y también que lo parezca.
Iniciativa
¿Qué tan eficaz será la iniciativa en el terreno concreto de los mercados? La principal contribución ya está sobre la mesa. Sustraer a los bancos del ojo de la tormenta es un aporte decisivo. No importa cuán escarpada la muralla de vencimientos de pasivos del primer trimestre de 2012 ya no podrá disponer a su arbitrio la suerte de las entidades. Y como el contagio de la incertidumbre irradia sin fronteras, el alivio resultante es un ventarrón que cruza los océanos. Si Wall Street trepó el 3,5% en la semana, las acciones de los bancos estadounidenses subieron el doble. Papeles castigados como Bank of America o Citigroup, desde sus mínimos del martes último, escalaron más del 13%. No cabe olvidar la regla de pulgar: no hay rally enteramente creíble, si los bancos no participan. Que marquen el rumbo como un mascarón de proa es la receta indicada.
La corrida sobre la deuda pública se frenó con la promesa de la cumbre de diciembre. La subasta de repos recorta aún más su asechanza. Es verdad que la semana pasada los rendimientos dejaron de caer y en el caso de Italia, inclusive, el bono a diez años volvió a encaramarse sobre el umbral del 7% en abierto desafío. La volatilidad no se suprimió. En el tramo corto de la curva, en línea con el tenor de los pases, la mejoría es contundente y atraviesa todas las obligaciones de cualquier deudor. Cuando se va más allá, y se alargan los plazos, todavía se pelea cuerpo a cuerpo en Italia. Ni siquiera la aprobación parlamentaria del ajuste propuesto por el Gobierno de Mario Monti distendió los ánimos. No es el caso de España donde Mariano Rajoy, quien pidió una tregua de media hora, estrenó una cómoda (e impensada) cabecera de playa ni bien asumió. Sin embargo, es evidente que si se desea retomar la corrida ahora se invirtió la carga de la prueba. Los bancos ya no tienen la soga al cuello y no deben malvender cartera. De los 210 mil millones de euros que recibieron en la subasta derivaron 82 mil millones a la facilidad de depósito del BCE donde acumulan un récord de liquidez para 2011: 347 mil millones de euros. Esas reservas en exceso son poder de compra para aplicar, si se quiere, al arbitraje («carry trade») a favor de la deuda pública. Ya se dijo: la idea no es que sean los bancos los que rescaten la deuda, sino los administradores de portafolios que, atentos al cambio de circunstancias, cambien también de bando.
En el cortísimo plazo, Santa Claus puede impulsar su trineo con las sorpresas favorables que emanan de EE.UU. No necesita que Europa empuje sino que se corra. En las próximas dos semanas no habrá subastas de deuda en el Viejo Continente. Y si se cumple el deseo que se colgó del arbolito -el silencio de Merkel es salud- no hay grandes obstáculos a la vista para impedirlo.

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