30 de mayo 2012 - 00:00

Santaolalla: “No me atrae componer para Hollywood”

Gustavo Santaolalla en Iguazú: Forbes publicó que su fortuna, después de ganar dos veces el Oscar, asciende a u$s 7 millones, pero él lo niega categóricamente.
Gustavo Santaolalla en Iguazú: Forbes publicó que su fortuna, después de ganar dos veces el Oscar, asciende a u$s 7 millones, pero él lo niega categóricamente.
Iguazú (Enviado especial) - «Estuve en Nueva York y en Berlín, pasé por Cannes, ahora estoy acá en Misiones, reboto en Buenos Aires y me voy a Corea a tocar con Bajofondo. En 22 días voy a terminar dando la vuelta al mundo». La agenda de Gustavo Santaolalla es apabullante, con una rutina que se sostiene todo el año. «Estoy siete meses viajando. Los Ángeles es mi lugar de estar, donde tengo mi casa y mi familia. Pero buena parte del tiempo vivo en los aviones y mi lugar es todo el mundo».

El tiempo de este artista multifacético se reparte entre sus actuaciones junto a Bajofondo Tango Club, sus producciones discográficas, sus musicalizaciones para cine -por caso, acaba de estrenarse «On the Road», la muy comentada obra de Walter Salles, con quien ya había trabajado en «Diarios de motocicleta»-, sus presentaciones como solista y hasta su bodega, sus vinos mendocinos Celador y Don Juan Nahuel y sus cervezas artesanales Grosa y Re-grosa. «Puede parecer una vida caótica, pero hay un orden en todo eso, y finalmente, lo que me tranquiliza al final del día, es que las cosas se hacen bien, que ahí están, que obtuvieron un buen resultado».

Quien fuera uno de los pioneros del rock en castellano como parte del grupo Arco Iris, llegó a Puerto Iguazú como padrino y músico invitado del III Festival internacional de orquestas infanto-juveniles Iguazú en concierto, para participar con la multitudinaria agrupación en el concierto de clausura sobre la explanada del hotel Sheraton de espalda a las ca

Periodista: ¿Cómo vino a este festival? ¿Conocía de su existencia?

Gustavo Santaolalla: Me enteré por Andrea Merenzon, la directora de todo esto y sin quien no podría hacerse, más allá de los apoyos oficiales y privados que pueda haber. Y apenas me contó me entusiasmó mucho. Porque me gusta trabajar con chicos porque yo mismo empecé siendo un niño músico. Suele contarse mi biografía desde que comencé más públicamente a los 14 años, pero ya a los cinco tocaba la guitarra y dirigía un coro en mi escuela. Todos los chicos que forman parte de este festival, fueron previamente seleccionados; es decir que son pibes que se destacan por su dedicación, el amor y el tiempo que ponen a la música. Me parece que todas las edades de la vida son buenas; y por eso en algún momento produje un proyecto como el «Café de los maestros» con figuras históricas del tango. Pero me gusta especialmente la gente que empieza: de los 100 álbumes que produje, por ejemplo, una buena mayoría son primeros

discos.

P: ¿Con tantas cosas que hace, usted también consigue sostener ese grado de pasión permanente?

G.S.: Tengo mucha energía, y la pasión está presente en todo lo que hago. Soy exigente y siempre estoy buscando la excelencia. Pero a pesar de que trabajo mucho, muchas veces me niego a propuestas que quizá económicamente son muy buenas. A lo mejor por eso, a pesar de los premios, sigo sin formar parte de la industria de Hollywood en su aspecto más industrial y sigo participando en películas como «On the Road» de Selles, con quien me encantó volver a trabajar, sobre el libro de Kerouac que había leído siendo un adolescente.

P.: ¿Cómo balancea la vida familiar y la artística?

G.S.: Fui desarrollando una estrategia para estar con mi mujer y mis hijos lo más posible. Viajo mucho y muchas veces también con ellos. Y cuando estoy en Los Ángeles, tengo rutinas casi religiosas, como desayunar y cenar siempre con todos; a lo que hay que sumar mis sesiones matinales de gimnasia, box y fierros con un entrenador personal. Si pienso en mi viejo, que se murió cuando yo tenía 19 años, por su trabajo desde muy temprano y hasta tarde en la noche, yo paso más tiempo con mis hijos que lo que pudo pasar él conmigo. En este aparente caos, soy un tipo familiero y, por ejemplo, me vine acá a Iguazú con mi mamá que vive en Buenos Aires y que tiene 91 años.

P.: ¿Es verdad, como publicó la revista Forbes, que usted es uno de los 10 músicos argentinos más ricos, con una fortuna de siete millones de dólares?

G.S.: Mienten descaradamente y si no salí a contestarles en ese momento fue para no darles más difusión. Yo no pertenezco a la gran industria de Hollywood, y el haber ganado dos Oscars no me hace acreedor a ningún dinero, porque sigo priorizando los proyectos que elijo más allá de la plata. Lo que tengo es una casa en Los Angeles, una finca en Mendoza y un Mini Cooper. Por cierto que eso no llega ni muy lejanamente a los 7 millones de dólares de los que hablaron. Hay mucha gente mala, y terminan generando un riesgo en la seguridad personal que puede traer problemas a quienes están cerca de uno.

P.: ¿En qué está trabajando por estos días?

G.S.: Estoy haciendo conciertos con Bajofondo, sigo atendiendo mis vinos y mis cervezas, terminé esa música para la película de Selles y ahora, apenas regrese a Los Ángeles, tengo que avanzar sobre dos discos: uno nuevo de Bajofondo que espero que salga antes de fin de año y otro mío personal que será como la segunda parte de otro que hice en 1998 con el ronroco como protagonista.

P.: Me gustaría escuchar una reflexión suya sobre la muerte de Luis Alberto Spinetta.

G.S.: Lo primero que diría es que fue algo muy doloroso. Todos los que tenemos algo que ver con el rock en Argentina, tenemos un referente originario que es Litto Nebbia. Y después, en una camada inmediatamente posterior, están Luis Alberto y Javier Martínez de Manal. Cuando yo empecé, Almendra ya era un grupo importante y el Flaco me apoyó mucho y fue muy entusiasta con Arco Iris. Por último, te diría que conociendo a algunos de sus hijos, como a Dante que es un pibe bárbaro, vuelvo a descubrir al excelente tipo que fue Luis. Una pérdida muy triste.

Entrevista de Ricardo Salton

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