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Santiago Segura le puso humor al Bafici
Santiago Segura como Torrente: «La gente va al cine para reírse de Torrente, pero también hay algunos que lo votarían para presidente de la nación. ¿Es mi culpa?»
Periodista: ¿Cómo ve a su personaje?
Santiago Segura: Con la distancia que me da bañarme todos los días, cosa que él no hace. Con él solo tengo una cosa en común: la cara, por desgracia. Nadie quisiera tenerlo de vecino, pero lo festejan en pantalla como un exorcismo. Además, nos gusta reírnos de lo que nos molesta. Hace 13 años lo presenté como una especie en extinción. Qué equivocado estaba. En todas partes hay tipos como él.
P.: ¿Se pone algún limite para escribir?
S.S.: No los tengo, ya los he forzado. Hago la película y me digo «¡Me van a echar del país!» Me siento un terrorista cultural, es una película muy bizarra. Y está primera en la taquilla española, ya hice tres millones de espectadores.
P.: ¿Y por qué el 3D?
S.S.: Me hace reír el contraste de ese ser primitivo apareciendo con la tecnología más avanzada. Ahora lo veo y yo mismo me digo «qué asco». El 3D incrementa el presupuesto y el tiempo de rodaje un 30%, hay que tener dos cámaras perfectamente calibradas, para lo que se requiere que sus números de serie sean correlativos, de otro modo habría un gran gasto de postproducción. Pero el resultado es que el 67% del público prefirió ver la versión 3D. Los estrábicos no pueden verla, pero tienen permiso para bajarla.
P.: ¿Siempre pensó en incorporar a Kun Agüero y Pipita Higuaín en el film?
S.S.: Creo mucho en la amistad y el amiguetismo, por eso los invité a participar. Son encantadores y lo hicieron gratis, solo por la gloria de figurar en una de Torrente. Además, ¿qué les iba a pagar, si son millonarios? Pero les dije «les debo una, cualquier reunión que tengan, bautismo, cumpleaños, hago de payaso de los niños.
P.: Esa no fue la única participación especial en la que pensó...
S.S.: En mi demencia se me ocurrió ofrecerle una aparición a la nieta de Franco, que aparezca la nieta de Franco al lado de Torrente, y aceptó. También al hijo de Isabel Pantoja, le ofrecí hacer de tipo medio retardado, y me dijo «caramba, esto coincide un poco con mi imagen pública, ¿verdad?» Pero aceptó, aprendió a actuar decentemente, yo sé que es inteligente, y más sensible de lo que piensan. El papel de villano se lo ofrecí a varios políticos, pero ninguno aceptó. Es que los malos de las películas me gusta que tengan elegancia, poder, como los políticos. Y sobre todo que tengan pelo. Yo ni siquiera peino canas, le saco brillo a la calva, lo que es más triste todavía.
P.: ¿Cómo aparece «Torrente» en el panorama actual del cine español?
S.S.: La oferta del cine español es muy amplia: Torrente y la vida de santo Escribá de Balaguer, cabeza a cabeza. Se habla de un remake en Hollywood. Sinceramente, el sólo hecho de venderles algo a ellos, que nos venden de todo, me pone cachondo. Que hagan el remake, aunque después no se le parezca. Y que la haga el de «Borat», que se ha declarado admirador mío, pero no creo que tenga tiempo. El está lleno de proyectos, en cambio yo tengo uno solo y está bajo la pata de la mesa, que cojea. Hollywood tiene la pirotecnia, pero hasta la más tonta pochoclera se ha vuelto confusa, porque en su realización intervienen como quince ejecutivos que no se ponen de acuerdo entre ellos. En cambio a la mía la hago yo solo y la entiendo perfectamente.
P.: ¿Qué piensa sobre el culto que ha generado la serie «Torrente»?
S.S.: Sorprende que sea una obra de culto, siendo yo tan inculto. Apenas he leído cuatro libros, y no he terminado ninguno. Yo estoy para servir al público, soy muy servicial. Si de paso sirve a mi cuenta bancaria, mejor todavía. De pronto me para una señora de 82 para felicitarme, luego tres chicos de 15. Madre mía, lo mío es como un medicamento de amplio espectro. Antes del éxito mi vida era miserable, y no ha cambiado. Pero hoy tengo la gran suerte de poder jugar con este juguete maravilloso que es el cine, y que todos participen. En 13 años sólo hice cuatro películas. Es que hago una recién cuando tengo tantos chistes que ya pienso «con esto sí que alcanza». Solo he dirigido unos cortos y cuatro largos con el mismo personaje, lo que demuestra mi poca originalidad. Encima son cuatro que avergonzarían a cualquiera, pero a mí me enorgullece.
P.: ¿Qué encuentra la gente en Torrente?
S.S.: La gente va al cine para reírse de Torrente, pero también hay algunos que lo votarían para presidente de la nación. ¿Es mi culpa? Eso es como lo del niño que se tiró del 9º piso tras ver una de Superman. Miles de niños vieron que era una película, pero éste entendió otra cosa. ¿Era culpa de Superman? No, lo que pasa es que el niño era tonto. ¿Qué cuál será mi próxima película? Una de Superman. La risa es una de las pocas cosas serias que nos diferencian de los animales. La magia del cine: la ropa mugrosa que me pongo para hacer de Torrente, en realidad está limpia y huele a colonia.
P.: ¿Trabajaría en el cine argentino?
S.S.: Si me pagan, cómo no. Campanella (me gustan todas sus películas) me ofreció una aparición en «Vientos de agua», pero justo estaba ocupado. Entonces llamaron al Gran Wyoming, cosa que me jodió muchísimo. Me hablan mucho de «Esperando la carroza», espero conseguir un dvd legal para verla. También me hablaron de Capusotto y me pasé tres horas matándome de risa en Youtube. Lo que son las cosas, esa misma noche me lo encontré en una pizzería. Para mí fue un encuentro maravilloso. Para él, no sé.
P.: ¿No ve películas descargadas de Internet?
S.S.: Respecto a la prohibición de descargas, me declaré al margen. Me parece una ley apresurada, poco elaborada. Por defender los derechos del autor vulnera los del internauta. Estuve con Alex cuando renunció a la presidencia de la Academia por todo ese lío, él tenía razón, pero yo es que no opino, yo hago películas. Pero Alex me dice «si nos preguntan podemos opinar, y también si no nos preguntan, pa joder».


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