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Scarabino: “Dialogar mediante la música”
Guillermo Scarabino: «Me interesan mucho experiencias como, por ejemplo, la de Osvaldo Golijov, que trabaja en ese terreno que llaman crossover».
Dialogamos, en el curso del festival, con una de las figuras argentinas de nivel internacional que participó del encuentro, el director de orquesta Guillermo Scarabino, quien dirigió a la Orquesta Filarmónica de Mendoza en un concierto con solistas (el cellista argentino Matías Villafañe y la pianista francesa AnTMis Crestin.
Periodista: ¿Qué significó para usted este festival?
Guillermo Scarabino: Lo conocía tangencialmente y me ha sorprendido la amplitud territorial y de estilos. Los que tenemos cargos con responsabilidad organizativa, sabemos lo que es mover a tanta gente, trasladarla, alojarla, hacer que todas las actividades se cumplan. Me produjo mucho gusto ser parte de esto al frente de una orquesta a la que había dirigido alguna vez, aunque mi mayor actividad en esta provincia ha sido con la agrupación de la Universidad.
P: ¿Se piensa distinto un concierto para un público de abono que uno para un público menos específico que accede por entrada gratuita?
G.S.: Por cierto que sí. Las dos obras con solistas («Adagio con variazione» de Respighi y «Romance Santa Fe» de Guastavino) me llegaron impuestas con la oferta de dirigirlas. Pero me pareció muy bien porque se trata de obras poco escuchadas. Después, por nuestra parte, agregamos algunos números de «El sueño de una noche de verano» de Mendelssohn, que es una obra bien accesible, con su «Marcha nupcial», aún para públicos que habitualmene no concurren a salas de concierto.
P: A veces a la música clásica le cuesta relacionase con públicos nuevos, desde ciertas ceremonias -vestuario, manera de iluminar los conciertos, relación del artista con la gente- que pueden poner una distancia. ¿Cómo lo ve usted?
G.S.: Si hablamos de ceremonias, todas las músicas las tienen. Mi preocupación cuando subo a un escenario es que se produzca la convivencia imprescindible entre el compositor -que muchas veces puede estar muerto-, el oyente y, por cierto, el intérprete. Es la experiencia sin la cual todo carece de sentido. Veo también que hay costumbres que cambian y, quizá, las de la música clásica se hayan mantenido más estables. Un concierto es un espectáculo y, así como pasa en el teatro, los artistas se visten de un modo diferente, con un vestuario que es tradicional para este género. En lo personal, a mí me gusta hablar con el público, contarles sobre las obras, acercar a quienes a lo mejor tienen menos información.
P.: ¿Cómo ve las experiencias de acercamiento de la música clásica a la popular que permite incluir artistas como, por caso, Keith Jarrett, en un ciclo de abono del Colón?
G.S.: Yo no tengo ningún prejuicio, ni como director ni como oyente. Y me interesan mucho experiencias como, por ejemplo, la de Osvaldo Golijov, que trabaja en ese terreno que llaman «crossover». Él, con una formación impecable y un modo de trabajar la estructura musical que no puede cuestionarse, ha unido los recursos de la música clásica con los géneros latinoamericanos, con el jazz y aún con los de sus ancestros judíos como el klezmer. Su «Pasión según San Marcos» es una obra que ha tenido una gran aceptación en todo el mundo.
P.: ¿Cuánto ha afectado su carrera como director el hecho de estar a cargo de la Facultad de Música de la UCA?
G.S.: Yo siempre he tenido dos perfiles, uno más profesional y otro más académico. Y en esa conjunción, la docencia siempre ha jugado un papel importante. Antes de ser decano estuve a cargo de las cátedras de dirección en esa facultad, por lo que me es un espacio muy familiar a esa altura. Seguramente, no puedo tener la disponibilidad «full time» que tendría si no estuviera en ese cargo, pero he podido igualmente mantener mi actividad profesional como director en un equilibrio que me resulta muy agradable.
P: ¿Cómo está la facultad en este momento?
G.S.: Tenemos unos 200 alumnos repartidos entre sus diferentes carreras. Hace unos años, la facultad ha perdido su licenciatura en musicología -ahora sí tiene un doctorado- pero ha sumado una tecnicatura en producción musical aplicada a los medios audiovisuales. Por sus requerimientos técnicos, tanto en esa carrera como en la de dirección orquestal, los cupos son limitados y no podemos tener más alumnos -en dirección, por ejemplo, no pueden ser más de 15 por promoción, para que puedan dirigir la orquesta un tiempo considerable-. Pero, con las dificultades y los recortes de los que siempre podemos quejarnos, debo decir que estamos muy bien.
Entrevista de Ricardo Salton

