20 de noviembre 2012 - 00:00

Sciolismo sobrevuela ahora el Congreso

Los bonaerenses del bloque oficialista de Diputados fueron desde siempre la fuerza que condicionó al peronismo en el Congreso. Lo sufrió Carlos Menem cuando esa parte vital de la bancada le negociaba y condicionaba leyes, siempre bajo la batuta de Eduardo Duhalde. No es para menos: son entre 32 y 35 diputados, de acuerdo con el año de que se trate, que deciden votaciones en el recinto y la interna del bloque. Con la llegada del kirchnerismo, ese poder de bancada aparte se diluyó con la misma velocidad que el PJ bonaerense trasmutaba en Frente para la Victoria. Daniel Scioli, en ese proceso, no logró reservarse diputados propios en las listas que acaparó el kirchnerismo y, por primera vez, se dio el fenómeno que el gobernador de la provincia de Buenos Aires no tuvo diputados que lo representaran en el Congreso. Desde ese momento todas esas lealtades se enlistaron en la Casa Rosada, pero ahora de Scioli también se habla.

Ese panorama rigió la vida de Diputados en los últimos años, pero desde hace un tiempo los matices volvieron a la discusión dentro peronismo kirchnerista:

c Julián Domínguez dio uno de los primeros indicios. Por orden de Cristina de Kirchner inició el reordenamiento de esa tropa, intentando alejarla de excesos poco rentables electoralmente hablando. Está claro que será difícil que lo logre con los jóvenes kirchneristas que ya se habían acomodado en la idea de lide-

rar el peronismo bonaerense, pero hay una larga lista de «adultos» que deben renovar mandato que dependen exclusivamente de la decisión de la jefatura para volver a estar en las listas que lo escuchan atentamente. Son algunos de los que estuvieron el martes de la semana pasada con Domínguez, hoy único armador reconocido para la estructura bonaerense.

c Otro dato de esa realidad es que en un bloque esterilizado de todo sciolismo, el nombre de Daniel Scioli volvió a aparecer en los debates. «De condicionarlo pasamos a pensar cómo hacemos para que Scioli no sea un candidato de la oposición», se confesaba ayer un kirchnerista que reconoce el cambio de expectativa que comenzó a aparecer en ese bloque bonaerense que hasta ahora no representó el poder del territorio, sino la voluntad del kirchnerismo más puro. «Los bonaerenses no son la expresión de la política de Buenos Aires, son expresión del cristinismo», se decía en esa bancada casi con orgullo hasta hace poco. Esa afirmación sigue siendo cierta, pero para aplicar, sin miedo a equívocos, a la mayoría de los diputados bonaerenses electos en 2011, expresión del cristinismo triunfante más puro, pero raramente pueda describir en su totalidad a los que ingresaron con la elección de 2009 y el año próximo dejan mandato.

c Ese universo tiene 12 nombres con suerte futura muy distinta. Están allí Remo Carlotto y Luis Cigogna. También Diana Conti, que acuñó primero el eslogan «Cristina eterna», luego hizo famosa su crítica a la «alternancia boba» que fija la Constitución y hace 72 horas comenzó a elaborar una doctrina más realista sobre las dificultades que importa la reelección presidencial. También esperan lugar Edgardo Depetri y Juliana Di Tullio, aunque con mucho menos problemas. Di Tullio fue clave en el sostén de la conducción del bloque y en el debate de la ley de medios. Otros en capilla son María Teresa García y Dulce Granados, aunque con pronóstico propio; Carlos «Cuto» Moreno, y con menos suerte Mabel Müller, Francisco Plaini o Héctor Recalde.

c No es, de todas formas, la única realidad. Mientras algunos diputados del oficialismo ponen un ojo en la evolución de Scioli al mismo tiempo que miran la marcha de la sucesión presidencial, otros, como los que alimentan Unidos y Organizados, piensan que el kirchnerismo es una opción ideológica que debe trascender más allá de ser oficialismo u oposición dentro del propio peronismo.

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