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Se ata Irán al agonizante régimen sirio
A pesar de la renuncia y posterior escape del primer ministro, Riad Hiyab, el régimen continuó ayer con los bombardeos sobre los insurgentes y la población civil, al tiempo que su mandatario insistió en que su Gobierno tiene la «determinación de limpiar la nación de terroristas».
Al menos 140 personas murieron en la jornada, según la red de activistas Comités de Coordinación Local, una cifra que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos situó en 130, de los cuales, precisó, 95 fueron civiles y rebeldes y 32 miembros de las fuerzas del régimen.
Asad se entrevistó ayer con el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Said Jalili, en una reunión de la que la televisión mostró imágenes y que resultó ser su segunda aparición pública tras el atentado que acabó con su cúpula militar, el pasado 18 de julio.
El presidente acusó a «países occidentales y sus aliados» de tratar de quebrar el eje de la resistencia, formado por Damasco y Teherán, por lo que aquéllos «ponen como objetivo a Siria y apoyan el terrorismo».
Sus palabras, transcriptas en un comunicado, encontraron sintonía en la réplica del emisario iraní, cuyo país elevó en los últimos días la retórica contra estados que apoyan a los rebeldes sirios, como Estados Unidos, Arabia Saudita, Turquía o Qatar.
Según el mismo texto, Jalili señaló que el conflicto sirio «no es interno» y que Teherán «no permitirá, a ningún nivel, que se rompa el eje del que Siria es la rama principal».
El Gobierno sirio se aferra al inquebrantable apoyo del régimen de los ayatolás, ya que Irán tiene en la secta alauita (una rama esotérica del chiismo a la que pertenece Al Asad), un aliado clave en el corazón de Medio Oriente. Sus perfectas relaciones ya llevan 30 años ininterrumpidos.
Por ello, cobra aún más importancia la suerte de los 48 iraníes secuestrados el pasado sábado, que según Irán son peregrinos chiitas mientras que el Ejército Libre Sirio (ELS) los acusa de ser miembros de la Guardia Revolucionaria.
El lunes, el ELS anunció la muerte de tres de ellos en un bombardeo del régimen en los alrededores de Damasco, lo que llevó al régimen iraní a movilizarse para conseguir su liberación. El canciller iraní, Alí Akbar Salehí, viajó ayer por sorpresa a Ankara para pedir al Gobierno de Turquía que medie para liberar a los rehenes.
Mientras, las fuerzas del régimen mantuvieron su ofensiva para tratar de recuperar Alepo, donde los insurgentes todavía mantienen sus posiciones pese a la llegada de miles de refuerzos del ejército gubernamental en los últimos días.
Los enfrentamientos más duros siguen librándose en el barrio de Salahedin, donde siguen intentando entrar las tropas gubernamentales, pero son repelidas con dificultad por los rebeldes.
En tanto, la disidencia informó ayer que un general de alto rango había llegado a Turquía, acompañado por unos 1.000 civiles que huían de la violencia.
En ese marco, la ONU advirtió que tres millones de personas necesitarán ayuda alimentaria en el país en el próximo año, el doble de lo que había sido establecido el mes pasado.
Al menos 20.000 militares fueron desplegados en Alepo, donde los rebeldes contabilizan entre 6.000 y 8.000 hombres, según el diario Al Watan, cercano al poder.
En otras partes del país, las fuerzas rebeldes perdieron cuatro combatientes y mataron a seis soldados al atacar un campo petrolero en la provincia oriental de Deir Ezzor, indicó el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, con sede en Londres.
Cerca de Homs, activistas armados opositores al Gobierno mataron a 16 personas, en su mayoría alauitas y cristianos, que estaban en una residencia reservada a familiares de empleados de una compañía de electricidad, indicó el OSDH. «Empleados sirios, iraníes, japoneses y de otras nacionalidades viven en esta residencia.
Agencias EFE, ANSA,
AFP, Reuters y DPA


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