31 de diciembre 2010 - 00:00

Se despide Lula; nace el mito

Se despide Lula; nace el mito
San Pablo - Luiz Inácio Lula da Silva (foto) cierra la puerta de su Gobierno como el presidente más popular de la historia, en condición de líder indiscutido, luego de ocho años en los que su carisma, su pulso político y el peso económico del mercado interno contribuyeron para el salto global dado por Brasil en este inicio de siglo.

Lula dejará el Gobierno y de inmediato será mito: el 87% de popularidad según la encuesta de Sensus tras ocho años, la mayor de las últimas décadas en el mundo, superando a Nelson Mandela, que salió del Gobierno con un 82%.

Pero también como ex presidente tendrá todo el capital político de Rousseff, su ex jefa de Gobierno a quien él sacó de la galera como candidata, sin que ella tuviera experiencia electoral.

Lula además pasará a ser a partir del 1 de enero un posible candidato en las elecciones generales de 2014, para mantener la hegemonía del Partido de los Trabajadores (PT), que fundó en 1980.

El mito Lula está alimentado por su trayectoria: nació hace 65 años en la miseria de Caetés, un lugar semiárido del estado Pernambuco, noreste. Escapó del hambre hacia San Pablo a los 7, con su madre y seis hermanos, a bordo de un camión que recorrió unos 3.000 mil kilómetros.

Allí, Lula vivió en favelas, sufrió inundaciones, terminó el cuarto grado de educación y se recibió de tornero en su adolescencia, con lo cual se le abrió un futuro como obrero y como sindicalista que enfrentó a la dictadura militar con sus huelgas masivas en el Gran San Pablo; después, como político consolidado de la izquierda y finalmente como presidente.

«Lo que yo pensé desde el primer día de Gobierno es que no podría equivocarme siendo el primer presidente obrero del país, el único sin título universitario. Gracias a Dios, vencimos», dijo recientemente.

Lula cumplió en Brasil lo que en Estados Unidos se conoce como el «sueño americano». En el país con más católicos del mundo, Lula sería un «milagro brasileño».

Para los ortodoxos, Lula recurrió desde 2003 al presidente mundial del Bank Boston, Henrique Meirelles, que lo acompañó en sus ocho años como jefe del banco central.

Al mismo tiempo, lanzó para 40 millones de personas el plan social Bolsa Familia, que redujo la miseria a la mitad, a la vez que la macroeconomía, con el precio de las materias primas vendidas a China como ventaja, estuvo ayudada por el auge de crédito público a las clases bajas, que aceleraron el consumo.

Lula, negociador de raza por su pasado sindicalista, se nutrió del agronegocio y también de la agricultura familiar, responsable del 80% de los alimentos que comen los brasileños.

Aunque con críticas del Movimiento Sin Tierra, el Gobierno asentó a 600 mil familias en la reforma agraria.

El resultado del incentivo al consumo fue el ascenso social de 35 millones de personas a la clase media y la salida de la pobreza de 27 millones de personas hacia la clase baja.

Quince millones de empleos fijos fueron creados en la era Lula, acompañado por un récord de importaciones y de producción industrial.

Brasil, con el mercado interno, se posiciona, según prevé Lula y el ministro de Economía, Guido Mantega, como quinta economía en 2016, año de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, la primera vez en Sudamérica.

«Yo cambié el nivel de realizaciones, el que venga después de mí tendrá que hacer más. Porque antes se gobernaba para un tercio de la población, ahora para 192 millones», sostiene con regularidad, en un mensaje a las elites, como llama a sus antecesores.

Entre sus políticas de largo plazo, se le reconoce la apuesta por la capitalización -la mayor de la historia del capitalismo- de Petrobras, la empresa estatal a la que resucitó y le dio vigor, al tiempo que la fortuna lo acompañó al hallar en el subsuelo submarino las mayores reservas de hidrocarburos descubiertas en los últimos 30 años en el mundo.

Paralelamente, en política exterior impulsó la creación de la Unión Suramericana de Naciones Unasur); aumentó un 60% el comercio con el Mercosur, apostó a un rol de líder y conciliador en América Latina en general, con las empresas brasileñas convertidas en multinacionales afincadas en el vecindario.

Pero además, Lula encabezó el diálogo Sur-Sur, la lucha de los emergentes en la Organización Mundial de Comercio, y la disputa por un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU, posiciones muy criticadas por la oposición de centroderecha, como la cooperación con Cuba y el aumento de la unión con Venezuela.

Relación unida

La relación con Estados Unidos a nivel personal con el presidente Barack Obama resultó herida tras la negociación que Lula hizo ante Irán por el plan nuclear de ese país, al tiempo que intentó erigirse como un mediador más en el conflicto de Medio Oriente.

El mandatario, también, contra la posición tradicional de la izquierda, fue criticado por organismos de derechos humanos porque el abogado del Gobierno, este año, se opuso a derogar ante la Corte Suprema la Ley de Amnistía que impide investigar y sancionar a los militares que cometieron violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar.

Lula dejará el Palacio del Planalto y se dedicará a un instituto que tendrá en San Pablo para realizar proyectos para África y América Latina.

También prometió ir a la playa, beber cerveza sin los cuidados del cargo de jefe de Estado y ver los domingos a Corinthians en el estadio Pacaembú.

Agencia ANSA

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