2 de diciembre 2009 - 00:00

Se filtra “climagate” antes de la cumbre

La previa de la Cumbre de Copenhague sobre Cambio Climático, que comenzará el próximo lunes 7, se ha recalentado -casi tanto como se afirma lo está el planeta- por un caso de espionaje electrónico que la prensa ha bautizado «climagate».

Un ataque de hackers volcó a internet más de 1.000 e-mails intercambiados entre 1996 y 2009 por estudiosos del cambio climático. La revelación de estos mensajes, de la que se hicieron eco medios como The New York Times y The Times, causó furor entre quienes ponen en duda la tesis del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) creado por la ONU y el Nobel de la Paz 2007, el ex vice presidente estadounidense, Al Gore; esto es, que el incremento de la temperatura está probado y se debe casi exclusivamente a la acción humana.

Las computadoras hackeadas pertenecen a la Unidad de Investigación sobre Clima (CRU, por sus siglas en inglés) de la Universidad East Anglia de Gran Bretaña, un centro muy ligado al IPCC, al cual asesora. En los mensajes pirateados, los científicos discutían abiertamente acerca del ocultamiento de información que no apoyaba o contradecía su tesis.

Phil Jones, director de la CRU, escribía por ejemplo a su colega Michael Mann de la Pensilvania State University, sobre un «truco» que usó en una serie climática para «ocultar un descenso de temperatura». Mann admitió la autenticidad del mensaje, pero dijo que la palabra «truco» era usada por su colega para referirse «a una buena vía para resolver un problema». Sin embargo, la expresión «ocultar un descenso» es contundente. Además, los mails están plagados de referencias de Jones a su decisión de no entregar información a científicos contrarios a su tesis. «Borraré los archivos antes de dárselos», dijo.

Muchos dudan de que este hackeo haga mella en una tesis ampliamente aceptada, pero para los que acusan al IPCC de manipular las curvas de temperatura, estos mails son una prueba tan contundente como una pistola humeante.

Los estudiosos de la East Anglia hablan también de la necesidad de silenciar a quienes cuestionan sus tesis, evitando que publiquen trabajos o sean citados. El científico Pat Michaels, del Cato Institute, dijo: «Año a año se ha vuelto más difícil para cualquiera que no ve el calentamiento global como el fin del mundo publicar trabajos».

La licenciada en Ciencias Meteorológicas Rosa Hilda Compagnucci, profesora en la UBA e investigadora del Conicet, dijo a Ámbito Financiero que «es verdad que el aumento del dióxido de carbono antropogénico afecta el clima y es, en parte, responsable del calentamiento global, pero hay otros factores: variabilidad solar, vulcanismo, aumento del vapor de agua», que no son mencionados, en particular en materiales de divulgación como el documental de Al Gore, «Una verdad incómoda». Ese film sigue las posiciones del IPCC, dice Compagnucci, «que otorga el 98% de la responsabilidad por el calentamiento global al aumento del CO2 antropogénico y muy poco a la influencia del sol, por aumento de radiación, y nada a los rayos cósmicos galácticos, por su efecto en la formación de nubes».

Su principal crítica es a la explicación unidireccional de un fenómeno complejo: «Yo le preguntaría a Al Gore ¿cómo explica él que mientras la temperatura promedio baja desde hace 5 años, los gases invernaderos suben? La película es tan taxativa en sus explicaciones que no deja lugar a las preguntas ni a la reflexión».

Con todo, Compagnucci pone cuidado en aclarar que sus objeciones no implican que no haya que trabajar para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y desarrollar energías alternativas.

También Vincent Courtillot, director del Instituto francés de Física del Globo, sostiene que «la temperatura global decrece desde 1998 y ninguno de los modelos del IPCC lo había predicho».

La convicción acerca del calentamiento global y sus causas parece por momentos más dogmática que consensual. A contrario sensu, la Academia de Ciencias de Francia acaba de publicar un informe que da cuenta de la posición divergente -minoritaria- de algunos de sus académicos sobre el rol de las emisiones antropogénicas. El citado Courtillot y Jean-Louis Le Mouël sostienen que la responsabilidad del CO2 en los cambios climáticos es sobrestimada en relación con la del sol.

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