25 de agosto 2010 - 00:00

Se hizo trizas la relación del Gobierno con empresarios

La ausencia de gran parte de dirigentes empresarios fue uno de los hechos salientes de la convocatoria que hizo ayer el Gobierno para escuchar la exposición de Cristina de Kirchner en relación con el caso Papel Prensa. Marca así una ruptura a la que ni siquiera las fuertes presiones de funcionarios como el ministro Julio De Vido y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, pudieron revertir, al menos para la foto de ayer.

Después de larguísimos cabildeos, múltiples reuniones, innumerables llamadas telefónicas y cafés en rincones recónditos, las cúpulas de las entidades empresariales y los empresarios que habían sido invitados en forma individual pegaron un sonoro faltazo. Esto marca que la relación entre el Gobierno y los empresarios registró ayer una gruesa grieta, que no parece factible se repare en el futuro cercano. Y también que los empresarios parecen haber decidido que pesaba más la indignación por la posible brecha de la seguridad jurídica y el derecho a la propiedad privada que las supuestas represalias oficiales para con los ausentes.

Las excepciones fueron Osvaldo Cornide, presidente de la CAME, y Jorge Sorabilla, textil de la oficialista Fundación Pro-Tejer. También estuvo el empresario Angelo Calcaterra, sobrino de Francisco Macri, y el ex UIA Juan Carlos Lascurain. La Bolsa de Comercio emitió un comunicado en el que hizo saber que asistió al acto.

Poco antes de la hora prevista para el inicio de la reunión, la Unión Industrial Argentina (UIA) había tenido su habitual asamblea mensual de su Junta Directiva, especie de parlamento de la entidad en la que están representados los sectores de la producción y las regiones geográficas. Allí se votó por unanimidad no aceptar el convite oficial. De todos modos, algunos de los presentes (uno de ellos el mencionado Sorabilla) decidieron concurrir a título individual. En la determinación de la UIA pesó decisivamente la situación de bloqueo de las plantas de Siderar, la subsidiaria de aceros planos del grupo Techint. La conciliación obligatoria dictada ayer a la tarde, horas antes de la cita en la Casa Rosada por el Ministerio de Trabajo, fue calificada por otro dirigente como «demasiado poco, demasiado tarde» para modificar el humor de los industriales, preocupados e indignados por la presión contra la empresa de Paolo Rocca. Lo cierto es que gran parte del empresariado -al menos el que emplea a más gente en la Argentina- decidió no convalidar con su presencia una medida que finalmente fue menos radical de lo que indicaban las versiones previas. Seguramente a partir de hoy se abre una nueva etapa en el vínculo con el Gobierno, pero nada parece que vaya a ser igual.

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