Se inicia un proceso complejo y de alto riesgo para Londres

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La unidad del Reino Unido, las exportaciones del país, la coordinación en seguridad y el destino de los británicos que viven en el continente y de los comunitarios que habitan las islas, parte de la agenda.

Londres - En el escueto plazo de dos años durante el que el Reino Unido negociará con Bruselas las condiciones de su salida de la Unión Europea (UE), el país deberá redefinir la relación con sus vecinos más cercanos así como su papel económico y político en la escena mundial.

Desde que el "Brexit" se impuso de forma inesperada en el referendo del pasado 23 de junio, miles de funcionarios de todos los ministerios del Reino Unido trabajan contra reloj para preparar negociaciones que el Gobierno definió como "el mayor reto" en tiempos de paz.

Londres debe acordar la factura por sus compromisos ya adquiridos con la UE (ver página 20), comenzar a diseñar la futura relación comercial con los 27 países del bloque comunitario y empezar a forjar nuevos vínculos internacionales fuera del paraguas europeo.

Además del complejo escenario exterior, el Gobierno de la primera ministra, la conservadora Theresa May, afronta tensiones internas ante la presión de los independentistas en Escocia y los republicanos en Irlanda del Norte, contrarios al "Brexit".

"Hasta que veamos cuáles son los términos finales del 'Brexit', no se pueden predecir las consecuencias. Hay quien dice que va a ser un completo desastre para el Reino Unido, pero quizás no sea así", dijo Thomas Lundberg, politólogo de la Universidad de Glasgow (Escocia).

En la carta que envió a la UE, May dijo que quiere crear una "relación especial y profunda" con el bloque.

Antes de comenzar a negociar los vínculos futuros, sin embargo, la principal tarea sobre la mesa será destejer 44 años de integración.

Se abordarán los derechos de los británicos y los comunitarios a ambos lados del Canal de la Mancha, el futuro de las agencias europeas con sede en el Reino Unido y los detalles de cooperación en seguridad y fronteras, entre otros asuntos.

En una segunda fase -que May quiere hacer coincidir con el período de dos años, aunque el Tratado de Lisboa no lo exige-, ambos equipos comenzarán a diseñar su nueva relación bilateral.

Ese será el momento de abordar cuestiones como un acuerdo comercial, la participación del Reino Unido en programas comunitarios de investigación, el papel británico en Europol y la Orden de Detención Europea, el Tribunal de Justicia europeo (TJUE), el espacio aéreo común y los estándares de patentes.

Al término de esos dos años, el plazo podría ser alargado si hay unanimidad entre los 28 países implicados, aunque también puede que el Reino Unido corte sus lazos con la UE sin haber firmado acuerdo alguno.

"Que no haya acuerdo es mejor que un mal acuerdo", expresó May en su discurso en el palacete londinense de Lancaster House en enero, cuando estableció sus prioridades de cara al "Brexit".

Diversos organismos alertaron sobre el trauma que supondría para la economía británica la imposición automática de aranceles a todas sus exportaciones a la UE, que representan alrededor del 45% de las ventas fuera de las islas.

El ministro para el "Brexit", David Davis, aseguró que la ruptura sin acuerdo es un escenario "improbable", pero cree que el Gobierno debe contar con planes para esa eventualidad.

La primera ministra propuso además a Bruselas un período de transición que suavice la ruptura definitiva de los lazos, dado que un ajuste abrupto representaría un "precipicio" para individuos y empresas a ambos lados del Canal.

May debe comenzar a pensar asimismo en sustituir los acuerdos de libre comercio de los que Londres se beneficiaba dentro de la Unión (con Corea del Sur, Sudáfrica y México, entre otros) y negociar nuevos arreglos con países como China y Estados Unidos.

En paralelo a ese trabajo, Londres cuenta asimismo con un plazo de dos años para adaptar su legislación al nuevo escenario.

Agencia EFE

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