7 de octubre 2011 - 00:00

Se radicaliza el conflicto en Chile. El diálogo duró un día

Estudiantes salen en estampida ante la irrupción de la Policía Montada, en un sector de Santiago. A la derecha, la joven Camila Vallejo, líder de la protesta, tras ser impactada por agua lanzada por carabineros.
Estudiantes salen en estampida ante la irrupción de la Policía Montada, en un sector de Santiago. A la derecha, la joven Camila Vallejo, líder de la protesta, tras ser impactada por agua lanzada por carabineros.
Santiago - El conflicto en Chile se agravó en las últimas horas. Mientras el diálogo efectivo entre el Gobierno y los estudiantes duró tan sólo horas, ayer se vivió una de las jornadas más violentas desde que comenzó el reclamo, hace cinco meses. Santiago se vio alterada casi por completo a causa de multitudinarias marchas y serios incidentes, con una consecuencia de 132 detenidos y 30 heridos.

«Esto es inaceptable, el Gobierno no deja de burlarse de nuestro pueblo; la represión y la violencia de hoy no tiene precedente», reclamó en Twitter la líder universitaria Camila Vallejo.

Réplica

El portavoz del Gobierno, el ministro Andrés Chadwick, primo del presidente Sebastián Piñera, replicó desde la norteña ciudad de La Serena: «Los sectores más extremos se han apoderado del movimiento estudiantil».

Los enfrentamientos estallaron temprano luego de que los estudiantes se reunieran en un lugar no autorizado por las autoridades, y se trasladaran a varios puntos de la ciudad, especialmente en las afueras de las universidades. Al iniciar la marcha, los presentes fueron dispersados con carros hidrantes y gases lacrimógenos. Grupos de manifestantes se replegaron en varios puntos de Santiago, donde levantaron barricadas incendiarias y se enfrentaron con agentes policiales con piedras y palos.

Escenas similares se fueron desgranando a lo largo del día, y no sólo en Santiago. También Valparaíso, Concepción y Valdivia protagonizaron hechos violentos. A su vez, algunos periodistas resultaron afectados, lo que motivó un repudio del sindicato.

La antesala del diálogo hacía prever un fracaso in límine de las negociaciones. A las posturas enfrentadas se sumó un proyecto de ley del Poder Ejecutivo conocido el fin de semana para penar con hasta tres años de cárcel la toma de escuelas y agravar los castigos a quienes agredan a carabineros. En este contexto, el descenso de la popularidad de Piñera se frenó, e incluso recuperó algunos puntos.

«Ha sido una jornada marcada por la delincuencia y el vandalismo», denunció la intendenta (gobernadora) de Santiago, Cecilia Pérez, quien cifró el número de detenidos en 132 «por desórdenes graves y lanzar piedras contra civiles y contra carabineros (policías)».

Asimismo, 25 agentes y cinco civiles resultaron con lesiones de diferente consideración, agregó Pérez.

«Los líderes de la Confech han estirado el elástico más de la cuenta», dijo por su parte Pablo Zalaquett, alcalde de la comuna de Santiago, perteneciente a la coalición derechista del presidente Sebastián Piñera. La capital vivió desde fines de abril 37 marchas convocadas por los estudiantes.

Foja cero

El punto que frustró rápidamente el diálogo fue la negativa oficial de avanzar hacia la gratuidad para gran parte del sistema público de enseñanza, inexistente hoy en Chile a nivel universitario (ver aparte cifras del nivel primario y secundario).

El quiebre llevó a fojas cero un conflicto que se extiende ya por cinco meses y que cuenta, en su reclamo de fondo, con un amplio respaldo ciudadano. «A cinco meses, ninguno de los dos grupos ha abierto mayores espacios para empezar una negociación. Estamos en el punto cero», explicó el politólogo de la Universidad de Chile Guillermo Holzmann. «El Gobierno no ha variado su estrategia, se mantiene en la misma línea inicial y está apostando a que esa línea va a triunfar, que es el desgaste y la división interna del movimiento estudiantil y el rechazo social a los desórdenes públicos», agregó Holzmann.

Los estudiantes critican a toda la dirigencia política casi por igual, que en 21 años de democracia mantuvo y profundizó el trazado educativo legado por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

En el balance, el sistema amplió la cobertura a un nivel casi universal, pero con un alto costo financiero de decenas de miles de dólares para las familias, sobre todo en la etapa universitaria.

Ante el reclamo de gratuidad, el Gobierno propuso becas con base al mérito académico para los más pobres y una rebaja en la tasa de interés de un crédito privado con que las familias financian la educación de sus hijos. «La propuesta sigue sustentado el mismo modelo de mercado en la educación, en el que el Estado subsidia a la banca por medio del argumento de la libertad de oportunidades», señaló Vallejo.

«En el Gobierno y su coalición hay un sector pragmático dispuesto a negociar los aspectos más problemáticos del modelo, y un sector ideológicamente intransigente y de rasgos autoritarios», afirmó el experto en educación Mario Waissbluth. «Evidentemente ha primado este último, lo cual continúa radicalizando al sector más ultra del estudiantado. La espiral de violencia continúa», añadió.

Agencias AFP, DPA, EFE, ANSA y Reuters;

y Ámbito Financiero

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