El demente planteo de humor negro del film previo con un chico que quiere ser un superhéroe del mundo real se repite demasiado en la primera parte de esta secuela, por lo que demora demasiado en lograr alguna gracia propia. Lo consigue cuando van desfilando los nuevos imitadores de superhéroes, empezando por un curioso Jim Carrey como una versión pobre pero igualmente chauvinista del Capitán América, que hasta tiene un perro enmascarado llamado Eisenhower. Y la cosa se pone más fuerte cuando aparecen archivillanos de la vida real. El nuevo director Jeff Wadlow maneja bien el mismo sentido del humor guarro, negrísimo, incorrecto y, sobre todo, ultraviolento del original, aportando esos detalles gore que le dan sentido a este tipo de parodia de los personajes de comic.
| D.C. |



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