4 de septiembre 2014 - 00:00

Segundo round por pedido a Boudou

La sesión de ayer del Senado había arrancado a las 13. Amado Boudou se ubicó en el sitial de la presidencia, pero toda la oposición ya conocía de antemano que estaría presente comandando el recinto. A ese inicio le siguieron dos horas de discusiones sobre la situación del vicepresidente que dejaron rastros varios, desde una violencia verbal pocas veces vista hasta la certeza de una austeridad superlativa en la conducción del kirchnerismo a la hora de defender la posición de Boudou.

La segunda batalla en el recinto por el impacto del caso Ciccone arrancó nuevamente, como el 6 de agosto pasado, con el radical jujeño Gerardo Morales como protagonista. El jefe del bloque UCR pidió votar un proyecto para "suspender en sus funciones al señor Amado Boudou en aplicación del artículo 55 de la Constitución".

"Usted sigue siendo vicepresidente, pero no puede alterar el funcionamiento del Senado de la Nación", le dijo Morales a Boudou. "Usted tiene varios frentes abiertos, porque después de la presentación de este proyecto vino otro procesamiento por un delito común que es un papel trucho en un auto".

Al pedido se sumaron UNEN y especialmente Luis Juez y Norma Morandini que le insistieron al vicepresidente con la necesidad de un pedido de licencia.

Hasta ese momento el ambiente estaba tenso, efecto acelerado por la efusividad verbal de Morales y Juez en los pedidos que estaban haciendo. Después llegó la defensa del kirchnerismo. El santacruceño Pablo González pidió "respeto al cuerpo del Senado" y arrancó con un argumento que el oficialismo sostuvo hasta el final: Boudou no es un senador, sino un miembro del Poder Ejecutivo.

Al clímax se llegó recién cuando el aliado del kirchnerismo el misionero Salvador Cabral, volvió hasta la Revolución Libertadora para acusar al radicalismo: "Zavala Ortiz era un alto dirigente radical y participó de los bombardeos de la Plaza de Mayo", lanzó, "tienen las manos manchadas de sangre los radicales y los socialistas que los apoyaron".

El recinto se convirtió en un campo de batalla: Morales, el chaqueño Ángel Rozas y el resto de los radicales bramaban exigiendo que se rectificara. Rozas, de paso, empezó a facturarle al peronismo lo muertos víctimas de la Triple A.

Pichetto, que en su estrategia en este tema siempre priorizó pasar el trago amargo de los pedidos de licencia a Boudou lo mas rápido posible y sin que su bloque se involucre demasiado en el debate, veía cómo la sesión entraba en área de peligro. Hasta se peleó con Marina Riofrío de su bancada cuando no quiso hacerle caso y en lugar de guardarse a silencio terminó involucrada en la pelea. Riofrío se fue enojada del recinto al punto de que un taco se le trabó en medio de las bancas y puso su estabilidad en juego. Pichetto también tuvo que retar y pedirle silencio a otro hombre suyo, José Mayans, que amargamente le contestó: "¡Pero ellos dicen cualquier cosa!"

Ernesto Sanz llamó entonces a la calma y pidió "separar las valoraciones de los partidos políticos de las actitudes personales".

El hartazgo de Pichetto fue tal que llegó a decirle al kirchnerista Marcelo Fuentes: "¡Si quieren, háganse cargo ustedes de este bloque!".

Pichetto
, finalmente, cerró el debate con una defensa por gotero: "Presidente, usted forma parte del Poder Ejecutivo, no es un senador y además no vamos a habilitar el tratamiento sobre tablas del tema propuesto".

Dejá tu comentario