Los 148,2 millones de brasileños convocados a las urnas el próximo domingo 26 están divididos en dos bloques de igual tamaño, mayoritariamente en función de su clase social, que definirán si el Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) prolonga sus doce años en el poder.
Nieto de un presidente electo que nunca llegó a asumir, Neves, popular exgobernador de Minas Gerais (sureste), de 54 años, lleva una ligera ventaja sobre Rousseff, la exguerrillera de 66 años y heredera del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, con el 51% contra el 49%. Pero los sondeos consideran que ambos están en empate técnico debido al margen de error.
La campaña electoral, plagada de ataques cruzados, se calienta a pocos días de los comicios.
Neves se ha concentrado en denunciar el bajo crecimiento económico, este año cercano a cero, y un gran escándalo de corrupción en la estatal Petrobras que habría beneficiado sobre todo al PT y a sus aliados (ver nota aparte).
Sin escatimar golpes bajos, incluso insinuando que Neves fue descubierto conduciendo bajo el efecto del alcohol y las drogas, Rousseff asegura que el retorno del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) a la presidencia pondrá fin a los programas sociales con los que el PT asegura haber sacado a 40 millones de la pobreza.
La disputa entre el PT, que llegó al poder en 2003 con Lula, y el PSDB, que gobernó entre 1995 y 2002 con Fernando Henrique Cardoso, se repite desde hace veinte años, pero nunca la división había llegado al nivel de escindir perfectamente a los brasileños en dos.
"Es una elección extremadamente dividida: las clases alta y media alta están decididas por Neves y la media baja y los excluidos (beneficiados por los grandes programas sociales del PT) votan por Rousseff", dijo Mauro Paulino, director de la encuestadora Datafolha.
Fuera de los dos extremos, "la clase media, la que más creció durante el Gobierno del PT y que forma la mayor parte del electorado (36%), está dividida entre los dos candidatos: por un lado tiene miedo a perder las conquistas asociadas al PT, como el acceso al consumo, pero por el otro tiene un sentimiento de indignación porque el proceso de mejora del nivel de vida se interrumpió; reconoce conquistas pero exige más", añadió.
Para Ricardo Ribeiro, analista de MCM Consultores, "donde hay más disputa entre el PT y el PSDB es entre los electores de clase media, que no dependen del principal programa social Bolsa Familia, pero pueden beneficiarse de otros -becas universitarias, estudios técnicos, médicos o vivienda popular-, aunque a la vez es un elector más ligado al mercado y tiene valores de clase media tradicional".
Neves es el candidato favorito de los empresarios y los mercados, que critican el intervencionismo económico del Gobierno de Rousseff y el estancamiento de la economía con una elevada inflación (6,5%).
"Tras doce años de Gobierno del PT, aumentó el antipetismo; esta elección se polarizó de una manera que no veíamos desde 1989", cuando Lula perdió ante Fernando Collor de Mello. "Eso es malo para el próximo presidente, porque tendrá un país dividido, con una economía que no va bien y un Congreso fragmentado en 28 partidos", señala el politólogo independiente André César.
La campaña promete mantenerse al rojo vivo hasta el último día. Para inclinar la balanza, la estrategia del PT fue la opuesta a la de 2002, cuando llevó a Lula al poder con un eslogan de "paz y amor". El PSDB no se ha quedado atrás en los ataques.
"Los dos candidatos saben que el resultado dependerá de la comunicación, la propaganda, los debates, y no tanto de la conquista de nuevos votos, sino del aumento del rechazo al adversario, por eso es una campaña tan confrontativa", según Paulino.
| Agencia AFP |


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