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Selena Gómez, delirio de niñas y jovencitas
La joven cantante salida de la factoría Disney provoca tal delirio entre sus pequeñas fanáticas que, por momentos, los encargados de seguridad se ven más complicados que en un show heavy metal.
Cuando llegó por primera vez para actuar en Buenos Aires hace exactamente un año, la norteamericana Selena Gómez tenía editados sus dos primeros álbumes, «Kiss & Tell» y «A Year Without Rain». Con una carrera breve pero vertiginosa, la chica de ascendencia latina, no cumplió todavía 20 años y ya ha sumado varias participaciones destacadas como actriz y cantante en series y películas como «Hanna Montana», «The Suite Life of Jack and Cody», «Los hechiceros de Waverly Place, «Monte Carlo», «Ramona and Beezus», etc.; vive un publicitado romance (aunque «de eso no hablo») con Justin Bieber, la otra estrella juvenil del momento; ya sacó su tercer disco, «When the Sun Goes Down», que justifica una nueva gira y un par de nuevos conciertos en nuestro país, el martes 7 en el Orfeo Superdomo de Córdoba y el jueves 9 en el porteño club GEBA.
Esta chica que alcanzó la gran fama a partir de sus participaciones en el mundo Disney se mueve con una sensualidad algo infantil. Se viste como una princesa de cuentos, pasando del trajecito celeste estilo Mujer Maravilla en el principio al fucsia de la segunda mitad. Reparte su show entre los tres discos; comienza su concierto con el exitosísimo «A Year Without Rain» y concluye poco más de una hora después.
En ese ínterin, pasa por canciones como «When the Sun Goes Down», «Love You Like a Love Song», «Tell me Something», «Hit the Lights», «Bang Bang Band, «Round and Round, «Naturaly», «Magic», «Who Says», etc., todos títulos que probablemente nada significan para la mayoría de los lectores adultos pero sí muchísimo para sus jovencísimas fans. Dedica «The House that Built Me», un cover de Miranda Lambert, a su madre que acaba de perder un bebé. La banda The Scene que la acompaña -curiosamente, figuran nombres diferentes para los músicos en lugares distintos del programa de mano, aunque seguramente a nadie le importa en lo más mínimo- está formada por jóvenes de negro que tocan prolijamente y sin mayor gracia arreglos estandarizados para un grupo pop. Las dos bailarinas aportan el necesario toque de erotismo. Y el show se muestra con apenas lo básico: las luces de ocasión y dos pantallas laterales, como si en este caso no fueran necesarios otros artilugios.
Pero lo que sale de la media en esta cantante en la que algunos ven una futura Madonna y otros simplemente una estrella fugaz, está en su público. El fanatismo es tal, el griterío es tan infernal, la locura por fotografiarla es tan insostenible, que los hombres de seguridad se ven por momentos más complicados que si estuvieran atendiendo un espectáculo de heavy metal. Son más de 20.000 entre niñas que no comenzaron la primaria, adolescentes también mayoritariamente femeninas que sienten que tocan el cielo con las manos, y madres que cargan hijas y amiguitas y que sencillamente acompañan con resignado amor el placer de su prole.


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