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Senado entretiene con guerra de verano
Beatríz Alperovich
La sesión preparatoria en el Senado, donde se deben ratificar o modificar los cargos de la conducción se hará el 27 de febrero. Para ese momento el reglamento y la costumbre dicen que deben estar elegidos los presidentes de los bloques (que sólo se mencionan en el recinto ya que es una decisión interna) y en el recinto elegir a las autoridades.
Cuando no hay ingreso de nuevos senadores todo ese minué queda en un mero trámite, que en este caso hasta podría adelantarse si Cristina de Kirchner decide insistir con algún otro tema en sesiones extraordinarias; aunque no hay otros temas en espera más allá de los que ya se votaron, como la de trata de personas en Diputados, rige el alerta presidencial para que el Congreso esté operable en la primera quincena de febrero. Y ese debería ser el panorama para comenzar este año electoral.
Pero no lo es: la interna comenzó a recorrer los pasillos del Senado adelantando decisiones que podían esperar al final del verano. Y, como se sabe, nada de esto puede suceder en el Congreso si no tiene la venia de la Casa Rosada.
Un par de declaraciones desafortunadas de Beatriz Rojkes de Alperovich sobre la eterna existencia de la prostitución como oficio sobre la tierra alcanzaron para alimentar la caldera del bloque PJ, una bancada acostumbrada a actuar como escribanía de todo lo que pide Cristina de Kirchner y que no protege nada que no sea debidamente solicitado.
El verano arranca, entonces, con una novedad: todos los cargos están en juego en el Senado. Obviamente sólo queda afuera de las decisiones de la preparatoria Amado Boudou.
El primer cargo a ratificar, entonces, es el de Rojkes de Alperovich como presidente provisional del Senado. Fue nominada para ese lugar por Cristina de Kirchner, como corresponde a quien ocupa el segundo lugar en la línea de sucesión presidencial, tras el vicepresidente de la Nación.
Las condiciones de esa nominación quizá cambiaron y no sólo por las declaraciones confusas en torno del caso Marita Verón. Tampoco gustó en el kirchnerismo que Tucumán haya sido protagonista del último remezón de saqueos, el sábado pasado, cuando ya todo el país había recuperado la calma antes de la Navidad. Por ahora toda esa cuestión no pasa de la maledicencia clásica del peronismo en el Congreso, deporte que muchas veces es motor de cambios.
Dos actores complementan esta novela del verano. Quienes dicen «quererlo bien», impulsan a Miguel Pichetto al trono de Rojkes de Alperovich. Nada más lejos de la voluntad del rionegrino que sólo quiere quedarse como jefe de la bancada, y por ahora lejos de los entuertos y trampas en que el kirchnerismo suele jugarlo en Río Negro. La renovación de su banca, que vence en diciembre, es el horizonte más seguro para ese hombre que le solucionó votaciones complicadas tanto a Cristina como a Néstor Kirchner.
Aníbal Fernández completa el cuadro. Muchos creen que el rol de jefe de bloque le quedaría más a medida que el de presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda. En un país donde el Presupuesto termina haciéndolo Cristina de Kirchner por DNU o el jefe de Gabinete por resoluciones administrativas, ese cargo perdió todo brillo. Pero nada indica hoy que el futuro de Aníbal F. muestre otros destinos.
Los radicales, segundos en cuestión en el reparto de cargos, ya arreglaron algunos de sus problemas. El jujeño Gerardo Morales seguirá como vicepresidente del Senado; Luis Naidenoff ya cumplió con el acuerdo y le cedió la jefatura del bloque a José Cano.
Pero abajo de ese rango hay otro universo que quedará para decidir durante el verano: junto con la presidencia provisional, la vicepresidencia, la vicepresidencia primera (que hoy ocupa Luis Juez) y la segunda (que se llevó Juan Carlos Romero), deben reelegirse a los estratégicos secretarios y prosecretarios del cuerpo, tema que analiza en soledad cada bancada.


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