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Señal de que sunitas abandonan el barco
El margen de decisión del jefe de Gobierno sirio en el avance del régimen de Al Asad sobre su propia población es mínimo. Tampoco hay muchos ámbitos civiles que el Gobierno controle. Más allá de la capital, Damasco, la mitad de Alepo y aquellas zonas no urbanas en las que están estacionados los militares, no controla mucho.
Desde el punto de vista psicológico, en cambio, la «traición» de Hiyab es un trago amargo para el régimen. Después de cientos de oficiales, ocho diplomáticos y cuatro representantes parlamentarios, él es un ejemplo especialmente llamativo de que los altos funcionarios no necesariamente son leales al régimen. El poder de Al Asad se ve afectado con cada uno de estos reveses. Sin embargo, es difícil prever cuándo caerá el régimen. Más allá de la espectacularidad de una u otra deserción, Asad está perdiendo especialmente el apoyo de los sunitas, como lo es Hiyab. Un alto funcionario que desertó hace poco dijo en Estambul que hasta ahora desertaron varios cientos de oficiales sunitas, apenas tres alauitas y cinco de otras minorías religiosas.
Los musulmanes sunitas representan más del 60% de la población, aunque en el aparato militar son apenas 4.000 de los en total 33.000 oficiales. El clan Al Asad y las cúpulas del régimen pertenecen a la comunidad chiita de los alauitas, mientras que la mayoría de los rebeldes son sunitas. Incluso los desertores más famosos, como el general Manaf Tlass, examigo de Al Asad y que huyó hace un mes -también sunita- subrayan la división religiosa en el país.
Agencia DPA


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