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“Ser su familiar es como haber ganado la lotería”
Vladímir Tolstoi, tataranieto del escritor y director del museo que lleva su nombre, visitó el país junto con la traductora Selma Ancira para participar del encuentro «Tolstoi 100 años».
Periodista: ¿Qué se siente ser el tataranieto de Lev Tolstói?
Vladímir Tolstói: La satisfacción de pertenecer a un gran árbol genealógico donde Lev es la estrella más brillante. A lo largo de la historia de Rusia los Tolstoi han tenido personalidades fuertes y brillantes. Me siento orgulloso de las 30 generaciones de personas de gran dignidad que forjaron mi familia. Esas raíces sobre las que estoy parado me dan mi fuerza.
P.: ¿Tiene que ver con la aristocracia de donde proviene?
V.T.: En tiempos de Pedro I se fundó la aristocracia rusa, y los Tolstoi fueron los primeros en recibir el título de condes. Contar qué ocurrió con mi familia cuando el comunismo hace desaparecer la aristocracia sería muy largo, porque cada uno tuvo su propio destino. Tolstoi muere 7 años antes de la Revolución bolchevique. Su esposa después de la Revolución. El hijo mayor, Serguei, se quedó en la Rusia Soviética, murió después de la Segunda Guerra Mundial, y no fue perseguido. Otros Tolstoi fueron al extranjero por razones personales o políticas. Mi bisabuelo se enamoró de una mujer joven y se fue en 1916 a Estados Unidos. Volvió a Rusia durante la Revolución como corresponsal a pedido del presidente de los Estados Unidos. Luego volvió a Norteamérica y allí está enterrado. Mi abuelo y su hermano emigraron a Yugoslavia en los años 30. Allí nacieron mi padre y mi tío. Volver a las URSS en 1945 fue una decisión desesperada y peligrosa. A los oficiales blancos aristócratas que habían vuelto a la Rusia de Stalin en el mejor de los casos les esperaba el destierro. A mi familia el apellido probablemente les ayudó. Se dice que Stalin dijo: «No persigan a los Tolstoi; vigílenlos, pero no los toquen». Mi hermano y yo nacimos en la URSS. Mis hijos en Rusia, en una república democrática, donde han cambiado los poderes y las ideologías. Lev Tolstoi es importante para Rusia y la cultura del mundo, por eso el que estuviera en el poder sentía que debía protegernos.
P.: ¿Cómo es dirigir el Museo de Lev Tolstoi?
V.T.: Un privilegio. Yásnaia Polaina es uno de los lugares más hermosos de la tierra. Me siento como alguien a quien le tocó la lotería. Tengo una vida muy interesante dedicada a la herencia de mis antepasados y, fundamentalmente, a Lev Tolstoi que es una vida de múltiples dimensiones. Fue un humanista, uno de los primeros que tuvo conciencia ecológica, un filósofo que luchó por los Derechos Humanos. Así como para mí es importante cuidar el Museo, su biblioteca, sus objetos personales, no lo es menos que sea un centro cultural internacional donde los escritores, traductores, dramaturgos, artistas, músicos sientan que vive la cultura y pasan cosas. Eso es continuar el proyecto de Lev, y es importante para la Rusia actual.
P.: ¿La celebración de los 100 años lo llevó a otros lugares?
V.T.: Viajo mucho a dar conferencias. Este año en todos los países hay sociedades, universidades, personas que creyeron indispensable realizar actos a la memoria de Tolstoi, eso me conmueve. Hay un festival de cine en California, un congreso en Nueva York, un acto en la UNESCO, un ciclo de conferencias en la Sorbona, una velada en Atenas, actos en Shangai, en Hanoi, en Tokio, en Lisboa. Es difícil recordar todo lo que está sucediendo porque muchos actos ocurren de manera paralela. Prometí venir a la Argentina, y vine, pero podría haber ido a Roma donde se está desarrollando hoy un ciclo de conferencias.
M.S.


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