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¿Será otra Anne Krueger?
Teresa Ter Minassian , Anne Krueger
El optimismo de Boudou sobre la relación con Lagarde se basa en las al menos cuatro reuniones bilaterales que el ministro de Economía mantuvo con su par francesa en los últimos años, para abordar el futuro del G-20 (donde Francia y la Argentina comparten en general posiciones) y, en particular, las negociaciones con el Club de París. En estas discusiones, según Boudou, Lagarde se mostró siempre a favor de una negociación rápida y favorable para la Argentina, y chocó con la posición más radicalizada de países como Alemania, Japón y los países bajos. Incluso, la francesa aceptaba la posibilidad de una quita o un plazo extenso para solucionar el último escollo local para salir del default.
Boudou recuerda también la posición que mostró Lagarde durante la crisis internacional de 2008, donde, proveniente de un Gobierno conservador como el de Nicolas Sarkozy, proponía una salida keynesiana, criticando abierta y públicamente al Gobierno de George W. Bush por no actuar rápidamente y con políticas activas.
En Buenos Aires, las esperanzas sobre Lagarde como directora gerente del FMI son concretas: Boudou y su equipo buscarán en las próximas semanas que el organismo avale la estrategia local sobre el único proyecto conjunto que el país tiene con el Fondo: la elaboración y ejecución del nuevo IPC-Nacional. La intención del Gobierno es que el paper final con las conclusiones se anuncie luego de octubre, que la aplicación del nuevo índice se demore hasta el primer semestre de 2012 y que el primer dato oficial de la nueva inflación se conozca un año después, en 2013. Mientras tanto, se espera que el FMI no sancione ni critique al país, ni por la inflación ni por la negativa a aceptar inspecciones vinculadas al artículo IV de la Carta Orgánica del organismo. La visión local es que Lagarde y el FMI estarán concentrados durante largo tiempo en la crisis en Europa, antes de preocuparse por la situación argentina.
Los antecedentes en la relación entre la Argentina y las mujeres del Fondo se remontan a Teresa Ter Minassian, italiana de nacionalidad, que fue durante largos años la encargada de inspeccionar los complicados números de la Argentina de Menem. Se la recuerda, a mediados de los 90, como la encargada de cuestionar las posibilidades de supervivencia de la convertibilidad y la imposibilidad de avalar los crónicos déficits fiscales de las cuentas públicas de esos años.
Con Anne Krueger, número dos del Fondo durante la crisis de 2001, la situación fue aún peor. La norteamericana de origen alemán y de ideología ortodoxa siempre tuvo en la mira al país. Se recuerdan en el antiguo edificio del FMI de Washington antológicas discusiones a grito abierto entre Krueger y Domingo Cavallo por la supervivencia del uno a uno y la falta de acción del Fondo, según el argentino. Se menciona también a Krueger como la autora intelectual de la decisión de dejar finalmente caer al país en default y en la devaluación, como castigo y para que el resto de la región tome el caso como aprendizaje sobre lo que puede pasar. Luego, la relación empeoró con Eduardo Duhalde y terminó de romperse con Néstor Kirchner.


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