"El presidente tomó una postura firme y adecuada durante su estancia en Nueva York (con motivo de la Asamblea General de la ONU) pero ya que se negó a reunirse con Obama, también debería haberse negado a hablar con él por teléfono y esperar los actos concretos del Gobierno de Estados Unidos", dijo el general Mohamed Alí Yafari, jefe de los Pasdarán, quien apuntó a que Washington debería aliviar las sanciones contra el programa nuclear de Teherán, antes de avanzar en diálogos entre ambos gobiernos.
El comandante de la fuerza aeroespacial Amir Alí Hadyizadeh, otro encumbrado jefe militar del Pasdarán, también advirtió que "un contacto y una sonrisa de Obama no pueden hacer olvidar la hostilidad de Estados Unidos". Irán no mantiene relaciones diplomáticas con EE.UU. desde la Revolución Islámica en 1979.
Yafari y Hadyizdeh expresaron públicamente las críticas más importantes a la histórica conversación mantenida por Rohaní y Obama, y no es un dato menor, ya que el Pasdarán ha tenido siempre una sustancial influencia en la política iraní. Esa influencia fue reconocida recientemente por el propio presidente Rohaní y por el líder supremo de la revolución, Alí Jameneí.
Precisamente, muchos analistas en Teherán consideran que Rohaní avanzó un paso en el acercamiento porque cuenta con el apoyo del líder supremo que "blindó por anticipado los predecibles reacciones de los sectores ortodoxos. De confirmarse esa hipótesis, en Irán se estaría jugando una especie de ajedrez entre los factores de poder, similar a lo que ocurre con Obama en Estados Unidos, donde hubo críticas de los legisladores republicanos al acercamiento con Rohaní.
Los signos de la distensión, sin embargo, comenzaron a percibirse en Teherán, donde 200 de los 290 parlamentarios elogiaron en una carta el comportamiento de Rohaní en la Asamblea General de la ONU que culminó con la conservación con Obama.
También trascendió que el presidente ordenó estudios de factibilidad para la reanudación de las conexiones aéreas entre Teherán y Nueva York. Siempre de acuerdo con la información oficial, dos delegaciones parlamentarias europeas son esperadas en Teherán a mediados de octubre, en otro signo de distensión.
En definitiva, un ruido de fondo que ahora cubre el Pasdarán con su toque de corneta que, sin embargo, sigue siendo un elemento clave de la política iraní, no sólo por su fuerza militar sino también para la economía de los sectores comerciales que maneja internamente, más o menos amenazados por las consecuencias de una posible flexibilización de las sanciones.
| Agencia ANSA |


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