26 de mayo 2014 - 00:00

Serio: con recesión, lo peor del empleo no llegó

Los datos laborales renovaron la polémica por las estadísticas oficiales. De acuerdo con el INDEC, el freno económico no tuvo consecuencias significativas sobre el mercado de trabajo. Por el contrario, el desempleo y la subocupación se mantienen relativamente bajos, a pesar de una caída del empleo y la reducción de la oferta laboral. Lo ocurrido en el primer trimestre se abre a varias interpretaciones, aunque con el antecedente de las cifras de inflación, crecimiento y comercio exterior, un manto de sospecha cubre la reciente publicación del INDEC. Si para muestra hace falta un botón, el organismo oficial reporta que no existe desempleo en Chaco. Polémicas al margen, una primera lectura sugiere que los cambios del mercado laboral en el margen se deben a cuestiones estacionales. El aumento trimestral de las tasas de desocupación (de 6,4% a 7,1% de la PEA) y subocupación (de 7,8% a 8,1%) y la caída del empleo (de 42,7% a 41,8% de la población total) son habituales en cada arranque de año, ya que distintos sectores tienden a disminuir su producción. En efecto, los valores del comienzo de 2014 no difieren significativamente del promedio 2005-2013 para el primer trimestre.

Otra interpretación, más en línea con la coyuntura económica, refleja que el mercado laboral comienza a transitar una etapa complicada. En el último año, la desocupación se redujo (del 7,9% al 7,1% de la PEA), a la par de una caída del empleo (de 42,2% a 41,8% de la población) e incluso una baja de la tasa de actividad (del 45,8% al 45% de la población), lo que reflejaría un "efecto desaliento". Sencillamente, frente a la falta de oportunidades de trabajo o con perspectivas de magros ingresos, muchas personas abandonaron el mercado laboral. En efecto, el salario real viene en baja (-5% en el último año), mientras que la demanda laboral se ha debilitado sustancialmente (apenas 1 de cada 10 empresas posee puestos vacantes y sólo 3 de cada 10 busca empleados). Para peor, la economía técnicamente entró en recesión.

Los datos del Ministerio de Trabajo coinciden con la visión pesimista. El empleo registrado en el sector privado aumentó un magro 0,5% anual en el primer trimestre, manteniéndose en el mismo nivel desde hace más de 2 años, reflejando las dificultades de la economía para generar puestos de trabajo. De todas formas, el estancamiento general esconde disparidades, con una caída del 6% anual en el sector de la construcción, intensivo en mano de obra, y un estancamiento en la industria. Con una economía recesiva, lo peor en materia laboral estaría por venir. En general, la tasa de desempleo reacciona con rezago frente a la coyuntura económica, debido a los costos en que incurren las empresas (indemnizaciones más pérdida de capital humano, en una recesión). Dada la pobre perspectiva macroeconómica para 2014, una tasa de desocupación del 8% no sería sorprendente, aunque la cifra final dependerá de la extensión y profundidad de la recesión.

A diferencia de años anteriores, el Estado no posee la misma capacidad fiscal para amortiguar el impacto. Según datos de AFIP, entre 2007 y 2013, el empleo público (en sus distintos niveles) creció un 36%, frente al 15% de incremento del empleo privado formal. Esta diferencia se notó con fuerza durante la última recesión, cuando el Estado prácticamente absorbió todos los trabajadores expulsados del sector privado e implementó los planes Repro (subsidios a empresas para evitar despidos). Sin embargo, con un panorama fiscal visiblemente deteriorado (sobre todo a nivel provincial), el Estado poco podría hacer en el ámbito laboral sin terminar apelando al financiamiento monetario. Esta situación deja todavía más en claro el dilema de la política económica, que se debate entre favorecer el nivel de actividad y el empleo o controlar la inflación y mantener la estabilidad cambiaria.

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