1 de noviembre 2016 - 00:00

Serio: sólo crece exportación de los productos primarios

Las manufacturas de origen agropecuario aún están en rojo. Brasil es el principal destino, pero con una menor participación. Luego siguen China, EE.UU., India, Vietnam y Egipto. ¿Y Europa? Muy lejos.

 Durante los últimos años, mucho se ha reclamado a las exportaciones argentinas en relación con su "valor agregado". Esta discusión cobra mayor relevancia en los actuales tiempos de estrés en el comercio transfronterizo, porque desde hace un par de años el comercio internacional cae medido en dólares, aunque crece (con un alza no muy robusta) medido en volumen (más de 1,5% este año). Los buques (según la OMC) transportan más contenedores aun con un descenso midiendo pagos, y las exportaciones mundiales están aun así (medidas en volúmenes) en cantidades un 20% por encima del que se comerciaba al inicio de la década.

Estamos, pues, ante una mucho mayor exigencia de competitividad. Por ello cabe repreguntarse qué es el valor agregado. Dice el diccionario de la lengua española que la palabra "valor" refiere a la propiedad abstracta que tienen las cosas para satisfacer las necesidades humanas y proporcionar bienestar. Por eso, es preciso abandonar la arcaica idea que confunde valor con manufacturación: no cuenta con mayor valor agregado lo que más pesa (el software perdería ante un tornillo) ni lo que más piezas lleva (un automóvil modelo 1980 tendría más valor que una moderna semilla modificada por la ciencia), ni lo que más horas de producción física insume (el conocimiento alienta la velocidad). Parece ser que un modo de definir el valor en este tiempo es acudir a los que los propios clientes califican. Son ellos los que compran.

Roger Kaufman llama "outcomes" a la capacidad de los productos de generar valor desde este sentido (impacto valioso efectivo en el destinatario), y alienta que las empresas amparen sus estrategias en los "outcomes" y no en los "inputs" -insumos- ni en los "outputs" -el mero producto físico-.

En este marco sólo compiten los que desarrollan atributos. Algunos logran mecanismos relacionales proveedor/cliente conforme las arquitecturas vinculares propias de las cadenas mundiales de valor (la UNCTAD sostiene que 80% del comercio mundial se celebra dentro de las cadenas globales de valor). Otros, virtudes como reputación (marcas, certificaciones, calificaciones), innovación (no sólo en productos sino también en valor funcional o en mecanismos de comercialización), y otros se valen del desarrollo de conocimiento en el producto. Por supuesto que (como enseñara Porter) el entorno doméstico de los negocios es también, para el exportador, una condición relevante para el éxito externo.

Pero en tiempos de cambio resulta relevante otro atributo estratégico: la capacidad de relocalización. Podemos llamar a esto la capacidad de emplazamiento (dice el diccionario que emplazamiento es "posición, ubicación, localización"). Se trata de los que pueden aprovechar adecuadamente los mercados más dinámicos en este nuevo tiempo. Ello requiere capacidad de inteligencia comercial, redireccionamiento en la implementación de estrategias, adaptación al nuevo entorno, generación de arquitecturas vinculares con nuevas contrapartes, persistencia y mejora constante.

En la Argentina, en 9 meses de 2016 (en medio de débiles resultados generales) las únicas exportaciones que crecen son las de productos primarios. Las otras exportaciones que -aun con algo de caída- permanecen con relevantes resultados son las de manufacturas de origen agropecuario. Por ello, 70% de todas las exportaciones argentinas en los primeros 9 meses de 2016 son exportaciones agropecuarias o agroindustriales. Un 40% del total de las exportaciones argentinas son manufacturas de origen agropecuario (los aceites y los pellets componen dos tercios de esta porción); y otro 30% del total son productos primarios (los cereales y las oleaginosas componen dos tercios de esta porción). Parece ser que ante este exigente escenario solo estos rubros pueden reaccionar generando resultados favorables.

La capacidad de emplazamiento es una de las razones que explican esto. Las novedades del comercio exterior argentino se muestran en los mercados. Las exportaciones argentinas (este año rondarán los 55.000 millones de dólares) siguen teniendo en Brasil al principal mercado (alrededor del 15,5% del total, aunque representaba más del 20% hace tres años); pero entre los que le siguen como mercados relevantes están China (8,5% del total), EE.UU. (6,5%), India (4,5%), Vietnam (4%), Egipto (4%), después de los cuales recién aparece Chile (3,5). Tres asiáticos entre los primeros seis mercados. Un africano antes que cualquier europeo. Más mercados lejanos que cercanos. La capacidad de nuevo emplazamiento de las exportaciones de origen agropecuario es una de las explicaciones de esto.

Hace un decenio China era solo el 4to. destino en importancia de nuestras exportaciones, no había otro país asiático entre los primeros 10 receptores de nuestras ventas y entre esos 10 principales había 5 países de nuestro continente y 4 de Europa. Ahora, Asia por primera vez está recibiendo (en lo ya medido de 2016) más exportaciones argentinas no sólo que Europa sino también que Latinoamérica (Latinoamérica recibe 29% del total de exportaciones en lo trascurrido del año, mientras Asia ya recibe un tercio de las exportaciones argentinas, y en este lapso Europa sólo recibe el 18%). Pero esto no es casual. Los datos mundiales exhiben que cinco de los 10 principales importadores mundiales son asiáticos. Y lo son nueve de los principales 20.

Lo expuesto parece natural si se advierte que la población de clase media en el mundo suma 3.200 millones de personas y el 50% de toda esa población de clase media del mundo está en Asia Pacífico, mientras el 20% está en Europa, el 10% en EE.UU. y sólo el 5% en América Latina.

Estos cambios exigen mayor esfuerzo logístico (la Argentina duplicó las distancias recorridas por sus exportaciones hasta su destino en menos de un decenio), nuevas habilidades negociales (ya no se negocia en el mismo idioma ni en entornos legales similares) de escala (a mayores distancias se hace conveniente más volumen), de desarrollo comercial (el comercio exterior es más exterior).

Ante mayor exigencia en el comercio internacional, se requieren mas atributos. También se requieren políticas, como lo muestra que ya el 50% del comercio mundial se produce entre mercados que forman parte de los alrededor de 400 acuerdos comerciales regionales entre países vigentes (que reducen aranceles, armonizan normas no arancelarias y crean entornos de referencias apropiados). Esta es (aun en medio de quejas, reproches y discusiones sobre las bondades de los acuerdos económicos internacionales) otra razón para entender cómo algunos pueden comerciar algo más soportando menores precios.

No todos pueden. Algunos, sí. Pero además de las capacidades institucionales (los marcos jurídicos, políticos y económicos de referencia), ahora el desarrollo de nuevos atributos parece ser un mandato ante el nuevo escenario de alta exigencia del comercio internacional.

(*) Director de la consulotra "DNI"

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