18 de enero 2013 - 00:00

Si es malo, es bueno

Si es malo, es bueno
De a poco, los problemas que permanecían ocultos en el «modelo chino» están saliendo a la luz. La inversión extranjera directa en China se redujo el año pasado un 3,7% a u$s 111.720 millones, la primera caída desde 2009 (lo peor de la crisis). Esto no sólo reflejó los problemas de Europa y EE.UU., una cuestión que podría ser cíclica, y la caída de la competitividad en la producción de las manufacturas menos elaboradas (por suba de salarios y costos), sino cierta reevaluación del «riesgo chino» (la inversión directa más la indirecta se redujeron un 13%).

El problema es que en lugar de canalizar el dinero para lo «low tech» hacia las provincias mediterráneas (dado el encarecimiento de la producción en las provincias costeras, que apuestan ahora al desarrollo de manufacturas de mayor valor agregado), los inversores extranjero se están volcando hacia otros países del sudeste asiático -la IED a Indonesia creció un 27% en 2012-. Si bien Japón pasó por un proceso similar en los 60 y salió ganador (es el mayor inversor foráneo en China), en el caso chino esta caída -o una desaceleración- de las inversiones extranjeras agrandaría la brecha económica entre las provincias, disparando tensiones políticas que obligarían al Gobierno a una intervención más directa en la economía continental (si esto cabe), ralentizando el crecimiento total. Así, un menor crecimiento de China generaría en lo económico una serie de oportunidades para ciertos países en desarrollo (países del Sudeste, México, Centroamérica y Perú) y en lo financiero otras para los EE.UU. Con el S&P500 cerrando en el punto más alto desde septiembre de 2007 y el Dow trepando el 0,63% a 13.596,02 puntos (bien Intel y Home Depot, flojos Bank of America y el Citigroup), es claro que Wall Street vio la pelea en Washington como un «no evento», o uno favorable.

Dejá tu comentario