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Si es malo, es bueno

El problema es que en lugar de canalizar el dinero para lo «low tech» hacia las provincias mediterráneas (dado el encarecimiento de la producción en las provincias costeras, que apuestan ahora al desarrollo de manufacturas de mayor valor agregado), los inversores extranjero se están volcando hacia otros países del sudeste asiático -la IED a Indonesia creció un 27% en 2012-. Si bien Japón pasó por un proceso similar en los 60 y salió ganador (es el mayor inversor foráneo en China), en el caso chino esta caída -o una desaceleración- de las inversiones extranjeras agrandaría la brecha económica entre las provincias, disparando tensiones políticas que obligarían al Gobierno a una intervención más directa en la economía continental (si esto cabe), ralentizando el crecimiento total. Así, un menor crecimiento de China generaría en lo económico una serie de oportunidades para ciertos países en desarrollo (países del Sudeste, México, Centroamérica y Perú) y en lo financiero otras para los EE.UU. Con el S&P500 cerrando en el punto más alto desde septiembre de 2007 y el Dow trepando el 0,63% a 13.596,02 puntos (bien Intel y Home Depot, flojos Bank of America y el Citigroup), es claro que Wall Street vio la pelea en Washington como un «no evento», o uno favorable.


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