Podríamos decir que continúa el optimismo en el mercado bursátil. Por un lado, con el 0,47% que ganó el viernes último, el Dow cerró en 11.787,38 puntos (el máximo desde el 25 de junio de 2008), acumulando una mejora del 0,96% en la semana (séptima semana consecutiva en suba). Por otro, vemos que entre los grandes índices del mercado la mayor suba le tocó al Russell 2000, que avanzó un 2,5%, seguido por el NASDAQ, que trepó un 1,97%, mientras un poco más atrás se coloco el S&P 500, con un 1,71%. Si a esto sumamos que en las últimas cinco ruedas el precio del petróleo aumentó un 3,99% (el WTI quedó en u$s 91,54 por barril y hay apuestas a que podría terminar enero encima de la línea de los 100), en tanto el del oro cedió un 0,59%, a u$s 1.360,4 por onza (en promedio, el precio del universo de los commodities se incrementó en un 2,41%), mientras el costo del dinero a 10 años (para los bonos del Tesoro) se mantuvo prácticamente si cambios en un 3,333% (la tasa a tres meses sufrió un ligero incremento de un punto básico), podríamos incluso ir un paso más allá. Podríamos decir que tuvimos a lo largo de los últimos días un claro corrimiento a favor del riesgo. Pero seguramente a esta altura el lector se habrá dado cuenta del molesto uso que venimos haciendo del tiempo potencial. Esto tiene que ver con la variable que nos faltó en el análisis: la evolución del dólar. Es cierto que para el inversor local norteamericano este factor no es de los más gravitantes, pero el resto del mundo no puede dejar de tomar en cuenta que en la última semana el billete norteamericano se desbarrancó un 3,6% frente al euro, la mayor caída desde el 29 de mayo de 2009. Sobre este fenómeno hablamos varias veces en los últimos días (en una posición contraria al resto del mercado y que lamentablemente fue correcta. (¿Hoy, hay más o menos pobres?)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario