3 de febrero 2011 - 00:00

Sin querer, la Fed apoyó la democracia

Sin querer, la Fed apoyó la democracia
Varias veces lo mencionamos, pero no nos dio el espacio. Con el Dow avanzando un magro 0,02% (quedó en 12.041,97 puntos) y un volumen de menos de 935 millones de acciones en el NYSE, es claro que la rueda bursátil no mereció demasiada atención ni demasiados comentarios, así que podemos tratar de aclarar la relación entre la debacle de 2008 y la ola democratizadora norafricana. A pesar de la brutal inyección de fondos que implementaron los EE.UU., Europa y Japón (responsables del 58% del PBI del planeta) para salir de la crisis, lo cierto es que su recuperación económica ha sido, en el mejor de los casos, tímida. Es claro entonces que el dinero no está yendo hacia la economía real. Cuando analizamos los últimos 50 años, surge que el factor que mejor explica la evolución del precio de los alimentos (trianualmente para suavizar el efecto del clima) es la liquidez global. Si a esto sumamos el clima inusualmente adverso del último año más el stockeo de alimentos y las restricciones a la entrada de dinero de varios países emergentes, se entiende por qué el trigo, el maíz y la soja marcan el máximo de los últimos 30 meses (muy cerca de sus récords históricos), el azúcar el máximo de tres décadas, etc.; y por qué hay fuertes sospechas de que estos valores podrían prolongarse en el tiempo. Para los países productores de alimentos y donde estos son una proporción baja del gasto familiar, la suba es una buena noticia. Así, para los EE.UU., principal productor/exportador mundial de maíz, trigo, soja, carne, etc., y donde los alimentos constituyen apenas el 7,2% del gasto mensual del ciudadano medio, el aumento resulta beneficioso a nivel macro e intrascendente (afecta la inflación de manera marginal) a nivel individual.

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