12 de octubre 2012 - 00:35

Sobornos: San Millán, la estrella

El exsenador peronista Julio San Millán puso fin ayer, con su declaración, al letargo de las últimas audiencias del juicio oral por los supuestos sobornos en el Senado. Aseguró no creer en el arrepentido Mario Pontaquarto y luego brindó un festival de relatos que animaron su paso por los tribunales de Retiro. En un testimonio por momentos desopilante, y con altas dosis de histrionismo, causó risas y enojos entre la concurrencia, tuvo desavenencias con el Tribunal Oral Federal Número 3 y aportó un entretenido collage de artículos periodísticos.

San Millán intercambió saludos y anécdotas con algunos de los acusados, aunque se guardó lo más jugoso para el estrado. Allí desplegó una gran cantidad de recortes y archivos, como solía hacer cuando ocupaba su escaño en la Cámara alta. Con una oratoria campechana, muy lejana a la que se suele escuchar en el debate, cargó contra Pontaquarto y sostuvo que «luego de las modificaciones realizadas en el proyecto de reforma laboral, la Alianza tenía los votos para aprobarla sin inconvenientes».

Como a todos los exsenadores, se lo consultó por la negociación de la reforma y por los planes sociales que habrían acordado los gobernadores peronistas a cambio de prestar su apoyo en el Congreso. La fiscal Sabrina Namer le preguntó por el destino de esas partidas y se encontró con una clase de praxis política. «Esas cosas no cambian nunca, los gobernadores recibían los planes, pero después tenían que repartirlos entre intendentes y punteros, en fin, lo normal», recordó.

A continuación reveló episodios hasta el momento no escuchados sobre supuestas amenazas a senadores que apoyaban la reforma. «Había senadores que estaban aterrorizados, que recibían llamadas, los asustaba la violencia gremial», contó.

Minutos más tarde, ya en un segmento más relajado, recordó un viaje a Alemania en compañía de otros senadores y de Pontaquarto. Así aprovechó para narrar un momento hilarante en el cual, al retirarse del hotel, le quisieron cobrar 1.000 dólares de llamadas telefónicas, por lo cual se trenzó en una pelea con el conserje con un traductor en el medio. Cuando dio a entender que la suma era un error del alojamiento, aclaró: «Me pasó que dejé descolgado el teléfono de mi habitación, no tenía plata y pagué con la tarjeta, cuando volví acá publicaron que me lo había pagado la embajada argentina, que no fue así». Las risas dominaban la sala.

San Millán mostró su versatilidad cuando recordó con furia al exsenador de Santa Cruz Daniel Varizat: «Le gustaba echar leña al fuego, primero dijo que iba a apoyar la reforma y después se echó atrás porque dijo que no era de peronista votar esa ley cuando la verdad, él me lo dijo, era que su gobernador le había pedido que vote en contra». Luego remató: «En esa época no había voto exprés como ahora».

Emocionado, recordó momentos miserables del Senado: «Emilio Cantarero estaba muy enfermo, no podía coordinar y había senadores que lo cargaban a sus espaldas». Volvió a cambiar el tono para entretener cuando hizo un show con sus recortes y los expuso al tribunal con comentarios del estilo «en este salió mi foto, salí bien».

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