Felipe Solá exhibió su rebeldía del kirchnerismo ante un numeroso grupo de influencia reunido ayer al mediodía en el Club Americano. «58 años es una buena edad para ser presidente», sentenció el titular de esa entidad en la presentación del diputado Solá, invitado especial al almuerzo. A dos días del portazo a Néstor Kirchner y al bloque del oficialismo en el Congreso Nacional.
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Imposible no vincular ese encuentro para hablar ante empresarios sobre la situación del país y su evolución de cara a 2009 al que asistieron más de un centenar de representantes de empresas norteamericanas, abogados de estudios influyentes, ex jueces federales, ex jefes de fuerzas de seguridad, miembros de fundaciones políticas, hombres de la City y algunos ex funcionarios de Carlos Menem, con el puntapié inicial de la campaña felipista. Luego se verá a qué cargo electivo.
En 45 minutos, Solá usó el recurso filosófico de definir su identidad por lo que no se es. «No soy kirchnerista, soy peronista», y criticó -tardó seis años- el rasgo de crispación que instaló en la sociedad la conducción de Néstor Kirchner. «Esa forma de hacer política sin aceptar las diferencias y sin consultar a nadie, ese cesarismo autoritario no tiene cabida en un movimiento», dijo para poner de relieve el enfoque que lo llevó a abandonar el bloque del Frente para la Victoria.
Referenció la crisis del campo y exaltó el espíritu de cuerpo y la solidaridad de los chacareros que «supieron armar un movimiento nunca antes visto y que aún no termina de expresarse». «El campo está muy mal con un terrible destrato, una de las peores sequías de la historia y no tiene diálogo con el gobierno», dijo y aprovechó para describir lo que considera el peor rasgo de la administración K: «No toleran la diversidad, tienen un problema de fondo, no entienden que llegar a acuerdos posibles es mejor que imponer». Luego avanzó con un tema que a juzgar por el énfasis de la oratoria será «eje» de la campaña: un plan nacional de seguridad.
Sin plan
Uno de los comensales disparóla pregunta obligada: ¿por qué en tantos años de crecimiento a 8 por ciento del gobierno K y con el dinero de retenciones y otros tributos no se achicó la pobreza? «Por una espantosa distribución de los ingresos» y la carencia de un plan, respondió Solá, que aprovechóla coyuntura para elogiar a Chiche Duhalde y su creación, el plan de las manzaneras. La red de asistencia barrial femenina que perdura en el tejido del conurbano. Más adelante diría Solá que no recibe consejos de Duhalde sino que lo consulta como hombre de la provincia de Buenos Aires. «No soy duhaldista», ¿alguien puede mencionarme un solo diputado duhaldista?, preguntó retórico a los comensales.
Misericordia y normas de urbanidad frenaron la respuesta. Hizo un repaso de las condiciones sociológicas del «ser argentino» que en su visión deben modificarse, traducido: más participación y solidaridad. Molestó al auditorio -había más de un benefactor de fundaciones que atienden carenciados desde el anonimato-, otra definición: «Soy peronista y tengo corazón», como si fuese atributo sólo de la doctrina justicialista el amor por los pobres.
Al final del almuerzo hizo un pronóstico enigmático: « Habrá tres listas para la provincia de Buenos Aires y es posible que se den alianzas».
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