Juan José Millás, «Los objetos nos llaman» (Bs. As., Seix Barral, 2009, 245 págs.)
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Millás ha sostenido que en la adolescencia descubrió, gracias a la maestría de las obras de Borges y Rulfo, que el relato corto, el cuento, no era un «género menor» sino que podía tener el valor de una novela. Esos modelos, que considera -con absoluta obviedad- la perfección dentro del género del relato breve, confiesa que fueron el estímulo de los 72 cuentos de «Los objetos nos llaman», relatos de entre una y seis páginas, donde pocas veces, por no decir nunca, están presentes Borges o Rulfo. Algunos relatos parecen provenir de los cuentos de Cortázar en «Historia de Cronópios y de famas», o en aquellos en que Millás buscó «iluminar a los objetos como entes que nos observan», otros parecen partir de los apólogos desencantados de un Kafka impávido y sin demasiadas angustias existenciales, por más que uno de los temas más reiterados del español sea la muerte.
Millás no entra, salvo un par de levísimas excepciones, en el difícil campo de la literatura fantástica, la mayoría de las veces cae en el relato maravilloso, que parte de «esa otra realidad» habitada por elfos, gnomos y hadas, o que entran en los bosques y laberintos de los sueños. Muchas veces parecen devenir de la cantera de una inspiración patafísica, aquella «ciencia de los soluciones imaginarias» que inventó Alfred Jarry, y que alcanzó su cumbre en novelas de Italo Calvino, Boris Vian, Raymond Queneau y George Perec.
Otros textos, que parecen como diría Oliverio Girondo «para leer en el tranvía», son meras paradojas, chistes que parten en busca de un final sorpresa. Está, por caso, ese muchacho ansioso que secuestra un avión con el control remoto de un televisor no sabe bien para ir adónde y que pide que le den el Nobel de Química porque sus padres tiene una droguería y se tranquiliza cuando le ofrecen el Nobel de la Paz, y que concluye de modo que el lector no sabe si fue una sueño, una fantasía o algo que realmente ocurrió. Otro trata de un adolescente enamorado del maniquí de una mujer que sorprendentemente suda (relato que recuerda a un cuento del olvidado escritor y cineasta David José Kohon que fue una de las partes de la película «Tres veces Ana»). Hay una serie de historias de fantasmas, como la de esa abuela que llama a su nieto en una funeraria, un padre chiflado que hace locas predicciones, una madre que le hace creer a su hijo que en su casa hay liliputienses, que tiene que andarse con mucho cuidado y que le provocan una minuciosa obsesión.
Tras haber ganado los premios Planeta y Nacional de Narrativa de España con su novela «El Mundo», Millás parece haber tenido que cumplir con sus lectores con estas diversiones literarias.
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