5 de junio 2009 - 00:00

Sorprende un notable “Otelo” acriollado

La versión libre de «Otelo» que dirige Andrés Bazzalo traslada con gran economía de recursos las turbulentas pasiones de la tragedia de Shakespeare al siglo XIX y la Guerra del Paraguay.
La versión libre de «Otelo» que dirige Andrés Bazzalo traslada con gran economía de recursos las turbulentas pasiones de la tragedia de Shakespeare al siglo XIX y la Guerra del Paraguay.
«Escrito en el barro». Versión libre de «Otelo» de W. Shakespeare. Dir.: A. Bazzalo. Int.: E. Samar, D. Dibiase, J. Prado, J. Berthold, H. Fauth, A. Dicaprio. Vest.: S. Iglesias. Ilum.: A. Bazzalo. (Sala El Grito).

Un campamento militar de frontera, a mediados del siglo XIX, durante la Guerra del Paraguay, sirve de marco a esta nueva versión de «Otelo, el moro de Venecia» que recrea con gran economía de recursos las turbulentas pasiones e intrigas de la tragedia de Shakespeare.

Su protagonista el Comandante Sosa (Otelo) no es negro, pero tiene la piel bastante oscura y pese al prestigio alcanzado como militar no logra ser aceptado por la sociedad porteña debido a su origen humilde. Por diferencias de clase tuvo que casarse a escondidas con la mujer que amaba (hija de un amigo que se negó a dar su aprobación).

Cuando su flamante esposa lo visita en el remoto paraje donde tiene asentada a su tropa, el hombre teme que la belleza y juventud de Mariana (Desdémona) puedan alterar la engañosa calma del batallón; aunque su demorada luna de miel hace que celebre el reencuentro con verdadero entusiasmo. Pero el desequilibrio que provoca esta presencia femenina en un puesto militar perdido en el fango, es utilizado por el Sargento Santiago (Yago) en beneficio propio. Su objetivo es acceder a un merecido rango militar que su jefe finalmente le negó para favorecer en su lugar a Miguel (Casio), el primo de Mariana. Así le hace creer a Sosa que su esposa lo engaña con este pariente para jolgorio de su tropa.

El Comandante cae presa de los celos, pero también de su propia inseguridad. El miedo a ser ridiculizado, o a perder la autoridad que tanto le costó conseguir, lo hacen actuar con excesivo orgullo y soberbia. Las apariencias lo engañan y si cree infiel a la mujer que lo adora es porque nunca se consideró digno de ella.

Las trampas, mentiras y simulacros que va urdiendo Santiago afectan los sentimientos e intereses de los demás personajes hasta desatar un auténtico infierno a su alrededor, alimentado por los errores que cada una de sus víctimas va cometiendo.

Con sólo seis personajes, un escenario desnudo y vestuario acorde a la época, «Escrito en el barro» desarrolla una intriga de gran claridad narrativa y con diálogos más bien breves en los que brilla el lenguaje criollo.

La puesta de Bazzalo es rica en acciones físicas y cuenta con un elenco homogéneo que logra transmitir el clima de fracaso e injusticia que dejó aquella guerra vergonzante, sin necesidad de hablar del asunto.

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