Strauss-Kahn, curioso ganador

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Desde que Dominique Strauss-Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional se ofreció a brindarle a Grecia la ayuda que les retacean sus socios de la Unión Europea, se ha establecido una larvada competencia con la dirigencia de ese bloque que vive el gesto como una intromisión.

La puja se ahondará si Alemania avanza hacia la creación de un Fondo Monetario Europeo, que le restaría competencias al FMI (ver aparte). Pero la influencia que pueden negarle en el plano financiero, Strauss-Kahn la va ganando progresivamente en lo político. Su activismo frente a la crisis y su insistencia en presentar sus propuestas como filokeynesianas y de reactivación le están valiendo numerosas simpatías.

Así, el actual director del FMI se ha convertido en la personalidad política preferida de los franceses, según el barómetro Ipsos-Le Point, con un 59% de imagen positiva. Y en el único potencial candidato socialista que, a dos años vista de las elecciones, aparece en condiciones de vencer al actual presidente de derecha, Nicolas Sarkozy, en una segunda vuelta con el 52% de los votos, según la encuestadora CSA.

Strauss-Kahn ya era una figura expectable a comienzos de los 90, cuando fue ministro de Economía del Gobierno socialista de Lionel Jospin. Pero un escándalo de empleos ficticios en un organismo que había presidido un tiempo antes lo alejó de los primeros planos.

Años más tarde, un cargo tecnocrático le permite redorar sus blasones. Y resulta paradójico que una institución supranacional como el FMI, tan cuestionada por muchos políticos y gobiernos, en particular los populistas, sirva de plataforma de lanzamiento para dirigentes que desde allí superan en prestigio a los políticos tradicionales.

Con todo, el de Strauss-Kahn no es el primero ni el único caso. El español Rodrigo Rato se vio relegado políticamente en 2003 cuando José María Aznar eligió a Mariano Rajoy como candidato del Partido Popular. El artífice económico del aznarismo partió por un tiempo al FMI, y desde la derrota de los conservadores en 2004 es mencionado como una de las cartas de reemplazo de Rajoy si éste sigue exhibiendo problemas de liderazgo, incluso ante el debilitado socialista José Luis Rodríguez Zapatero.

El del alemán Horst Köhler es un caso más patente aún. Desconocido en su país hasta su nombramiento como titular del Fondo en 2000, ese cargo fue su ascensor a la presidencia, que ocupa desde 2004.

Ante la consulta de Ámbito Financiero, el economista y ex presidente del Banco Hipotecario Pablo Rojo, que residió varios años en Francia, explica que «la demonización del FMI es puramente latinoamericana, un localismo que no tiene correlato en Europa ni en Asia».

En su opinión, el ascenso de Strauss-Kahn marca también que «en Francia hay un creciente rechazo hacia los políticos profesionales y, en consecuencia, emergen personalidades más técnicas que políticas, dirigentes que no hicieron el tradicional cursus honorum del político francés que primero es intendente de su pueblo, luego diputado y así va ascendiendo respaldado siempre en una fuerte base local».

Se dijo que el presidente francés respaldó la candidatura de Strauss-Kahn al FMI para sacarlo del escenario nacional, pero Rojo no lo cree así: «Lo de Sarkozy fue una verdadera política de apertura y de cooptación de cuadros de otros partidos; además a Strauss-Kahn la titularidad del FMI lo saca del día a día, lo pone en un lugar muy visible, con un perfil técnico, mientras los demás políticos se erosionan. Sarkozy le hizo en realidad un gran favor».

Un escollo que podría enfrentar Strauss-Kahn es su propio partido. «El Partido Socialista francés se niega a los cambios y a la modernización que de alguna manera representa el titular del Fondo», explica Rojo. «Es un partido que sigue aferrado a un pensamiento anticapitalista muy fuerte y eso le puede jugar en contra a Strauss-Kahn; una candidatura suya hasta podría dividir al partido», añade.

De hecho, las encuestas muestran que el economista recoge más simpatías entre los votantes de Sarkozy que entre los socialistas: un 68% contra el 63%. Paradoja final: la razón por las cuales Strauss-Kahn podría batir a Sarkozy, es decir, su penetración en el electorado de centroderecha es lo que podría alienarle los votos socialistas en una elección interna.

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