17 de enero 2014 - 00:00

SU DINERO PERSONAL: a la hora de entregar mi explotación a un tercero

"Se me presenta la opción de adquirir una matrícula de taxi. Descartada la posibilidad de ser yo quien lo maneje, quisiera saber las alternativas de rentarla a un tercero". (Néstor Maidana, Villa Crespo)

SU DINERO PERSONAL: a la hora de entregar mi explotación a un tercero
Quienes tienen al menos una de las casi 39.000 licencias de taxi existentes en la Ciudad de Buenos Aires (una de las tasas por habitante más altas del mundo) suelen asegurar que es una buena inversión, pero no son pocas las voces que alertan que la opción de tercerizar el manejo, ya sea dando en alquiler la matrícula o contratando a un chofer, puede cambiar por completo la ecuación establecida en los papeles.

Yendo a los papeles, cabe destacar que el valor de la ficha de taxi en junio de 2003 era de $ 0,16, apenas por encima del costo promedio de la convertibilidad. El último aumento de octubre pasado llevó ese precio a $ 1,32 en el horario nocturno y $ 1,10 de 6 a 22; es decir, el producto de la explotación del taxi se disparó exponencialmente en la última década por encima de cualquier pauta inflacionaria. Las autorizaciones de alzas recientes dadas por el Gobierno de la Ciudad indican que la tendencia seguirá siendo la misma.

Para acceder a una licencia, se la puede comprar o alquilar. Para el primer caso, es posible comprar auto y licencia por vías separadas. O, la alternativa más cómoda pero también un poco más costosa es adquirir un auto que ya tiene la licencia, por ejemplo, en agencias específicas (las más antiguas están sobre la avenida Rivadavia al 10.000), explicó David Soto, de www.licenciadetaxi.com.ar, una gestoría que se encarga de la compraventa de matrículas y del alquiler a través de internet.

Así, para el caso en que se desee adquirir sólo una licencia, el mercado es poco fluido porque no se emiten nuevas (hay muchos más taxis por habitante en Buenos Aires que en casi todas las grandes urbes del mundo). Son pocas las personas que venden las licencias, afirmó Soto, aunque dijo que, de todos modos, siempre aparece algún vendedor.

Ante la pregunta de cuál es el valor de una licencia, Viernes realizó un sondeo que arrojó un valor de 150.000 pesos. A este monto se deben añadir otros costos, como el Impuesto a la Transferencia, que equivale a 20.000 fichas (al valor de 1,1 peso cada ficha; 22.000 pesos) y, también, el valor de la escritura pública, que según qué gestoría lo haga, oscila entre 1.700 y 2.500 pesos.

Un punto a tener en cuenta es que existe una nueva ordenanza que desde 2014 exige que los taxis que sean autos 0 kilómetro tengan sistema de frenos ABS y airbags.

Otra característica que mencionó Soto es que la licencia es hereditaria y también se puede testamentar. Es una inversión muy segura, sostuvo.

La segunda posibilidad es a través de la matrícula de un tercero. Como el alquiler de la licencia de taxi está prohibido, lo que se hace es constituir una sociedad, explicó Soto. De esta manera, una vez conformada, oficia como un alquiler, aunque no en los términos legales, estrictamente. Y agregó que la ordenanza que obliga a pagar un impuesto a la transferencia de las licencias de taxis también abarca a las cuota partes, razón por la cual, al constituir una sociedad, también es obligación abonarla. Sin embargo, advirtió que hasta el momento se hicieron presentaciones de recursos ante la Justicia para no pagar este impuesto en caso de alquiler, y la resolución obtenida fue favorable.

El titular de la licencia cobrará por ese alquiler a la persona que gestione el manejo del vehículo. Se paga al dueño de la matrícula alrededor de 1.250 pesos semanales, valor atado al precio establecido para la ficha del taxi.

Si el dueño de la licencia maneja el taxi, lo hace con una tarjeta dorada, que es justamente la de la matrícula.

En caso de alquiler a través de una sociedad y que el inquilino sea el conductor, la persona manejará con una tarjeta blanca. Esta categoría de credencial también sirve para que maneje un familiar de la persona que es titular de la licencia, explicó Soto, lo que no incluye a concubinos.

La tercera opción es cuando se contrata un chofer para que haga el trabajo de conducir. En ese caso la persona tendrá una tarjeta verde. Las variables de los costos laborales en caso de contratación, el riesgo y la depreciación del capital puesto en la calle, el agobiante tránsito porteño, la inflación que afecta a repuestos y la responsabilidad en caso de accidentes son motivo de otro tipo de análisis.



Tengo un campo al sur de Santa Fe en el que no produzco yo, sino que lo arriendo. Hasta ahora hubo siembra agrícola y, según el contrato que tengo con el productor, recibo un porcentaje de lo que se cosecha. El tema: vivo lejos del campo, razón por la cual no puedo estar presente en el momento del pesaje. ¿Existen otras posibilidades de arrendamiento que me permitan un mayor control?.

(Mónica Graciani, ciudad de Santa Fe)



Al tener un campo y alquilar la explotación a un tercero se debe hacer primero una gran diferenciación entre arrendar para producciones agrícolas o ganaderas.

Según explicó Roberto Frenkel Santillán, presidente de Bullrich Campos y expresidente de la Cámara de Inmobiliarias Rurales, si bien anteriormente existían muchas opciones para hacer un contrato dentro de la variante agrícola, actualmente se opta por pagar con un porcentaje de la producción. Generalmente se paga en producto, no se arregla dinero, indicó.

Por ejemplo, se puede pactar en el contrato que establezca el pago equivalente a un 25% de lo cosechado de soja. Se establece la medición disponible ya sea en una planta de acopio, en el campo (que se denomina en la jerga 'culata de camión´) o en el puerto, aunque esta opción no es la más común ya que el producto debe ser de calidad exportable, explicó Frenkel Santillán.

El porcentaje que se pacta oscila entre un 25% a un 40 por ciento, si la calidad y la ubicación del campo son muy buenas. Dentro de esta posibilidad, se puede alquilar a producción puesta en dinero, según precio de pizarra de los valores pactados en Rosario. Se fija en la tabla en el mercado arbitral y se acuerda qué día se paga, sostuvo.

En este tipo de contratos, que por lo general se hacen por un año, los propietarios ponen el campo y el arrendatario, el resto: semillas, maquinarias y todo lo que haga a la siembra y posterior cosecha.

Los acuerdos que se hacen por el año se llaman contratos accidentales por una campaña. Éstos implican dos cosechas: lo que es fina (trigo y cebada) y la gruesa (maíz y soja, y girasol y sorgo). Es decir, una de invierno y otra de verano. No siempre se pueden hacer ambas producciones, de acuerdo con el clima. El dueño del campo decide qué se planta, según el historial de cultivo. Si venís de trigo, a maíz o soja, y así, explicó Frenkel Santillán y agregó que se dibuja un plano y se decide qué se hace en cada lote.

También se tienen en cuenta temas políticos, reconoció. Casi nadie hizo trigo este año para no tener problemas, dijo. Y claro que no se puede descartar la cuestión climática: el maíz se debe sembrar en octubre o noviembre, pero si no llovió, se descarta. Entonces hay que optar por la soja. Hay un período óptimo de siembra, advirtió.

En el caso de no poder estar presente en el momento del pesaje de los granos para saber cuánto corresponde como dueño del campo, se puede fijar el contrato a quintal fijo. Un quintal equivale a 100 kilos. Es decir, se pacta, por ejemplo, recibir 15 quintales por hectárea. En este caso la ventaja es que, ante una mala cosecha, el riesgo lo asume de manera íntegra el arrendatario, ya que el dueño del campo tiene asegurada la renta pactada.

Sin embargo, la ventaja de un contrato que sea un porcentaje de la producción es que, ante una muy buena cosecha, el dueño del campo vería incrementados sus ingresos.

El experto consultado recomendó, en caso de no poder estar presente en el momento del pesaje, contratar a un ingeniero o a alguien de confianza. Se pesa el camión vacío, luego lleno con el cereal y, la diferencia es el total, sostuvo. Interesa que el producto no tenga problemas, por lo que es bueno estar en la cosecha, que empieza al mediodía, ya que antes no se puede porque hay rocío. Si se cosecha antes, el cereal explota, explicó.La segunda gran opción es la ganadería. En este caso dependerá si el campo se utiliza para engorde o cría. En el primer caso dependerá de con qué se alimente a los animales para poder fijar el contrato, por lo que varía mucho de uno a otro.

Para la cría, los contratos se hacen a 3 años con opción a 2 más y se paga siempre en producto. En la Cuenca del Salado, que es la principal zona de explotación ganadera, se paga entre 45 y 60 kilos de carne por hectárea por año, siguiendo el precio para el novillo de 420 kilos del Mercado de Liniers u otro indicador similar. Se acuerda que el precio se tome de tres días o de semana anterior a fecha de pago.

A su vez, se paga por trimestre de manera adelantada. Así, se dividen los kilos de carne pactados en el contrato por cuatro, para saber cuánto corresponde a cada trimestre. Si fueran 48 kilos, son 12 por trimestre.



Producción: María Iglesia

@iglesiamaria

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