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Suar entretenido e igualito a sí mismo
«Igualita a mí» es una comedia familiar previsible pero divertida, con alguna punta de emoción, diálogos fluidos y un elenco en el que sobresale el encanto de Florencia Bertotti.
La punta argumental de esta comedia familiar ya ha sido largamente difundida en las promociones: un cuarentón se hace el rey de la noche con las veinteañeras, pero a cierta altura debe asumir que es padre de una chica desconocida, y, peor aún, futuro abuelo. Por su parte, ella debe vencer el susto del padre, y afrontar sus propios miedos.
Cabe agregar que eso no es todo. La chica también afronta la realidad de un tipo inmaduro, mezquino, que vive de estafas inmobiliarias donde figura como consultor o relacionista. Y él sufre la invasión de un gato de esos que sueltan pelos, el yerno medio inútil, y el monstruo en que se convirtió la piba que sedujo 23 años antes y ahora es la mamá impresentable de la nena criada en El Bolsón. Vale decir, una invasión de hippies a su departamento de levantes exquisitos. Porque él vive en un edificio viejo, pero desayuna con champagne. La hija, con mate, y es muy buena la parte donde lo ofrece inesperadamente.
Sin exagerar, los diálogos son fluidos, con remates que van de bueno para arriba, hay escenas memorables (por ejemplo, el encuentro de la nena con su familia paterna), el guión es realmente agradable, aunque daba para más y decae un poco antes de llegar al previsible momento emotivo, el equipo es de lo mejor (arte Mercedes Alfonsín, fotografía Félix Monti, música Ivan Wiszogrod, sonido José Luis Díaz), y el elenco es exacto. Digamos, Claudia Fontán, como la peluquera que tiñe las canas del metrosexual de barrio, Chame Buendía, el hermano que trabaja y tiene familia pero se siente desvalorado por los padres, Ana María Castel, Juan Carlos Galván, Andrea Goldberg, la promisoria Gabriela Acosta, el médico que hace Iván Moschner, etcétera.
Sobresale, por supuesto, el natural encanto de Florencia Bertotti. Una delicia en todo momento. Y es compradora la composición de Adrián Suar, de buena gestualidad, incluso cuando hace el ridículo pendeviejo en plan de seductor. Pero lo afectan un poco ciertas entonaciones demasiado cercanas a Francella o Darin. Quién sabe, este muchacho debería dejar las malas compañías, o fundar con ellas una escuela actoral.
Momento extraño: cuando el padre mira la pieza de hotel que ocupaba su hija, hay un plano bastante cercano del tipo que ahora ocupa la pieza. ¿Por qué es tan cercano? Bueno, faltaba más. El tipo ese es Juan Vera, uno de los principales productores de la película, y su guionista, junto a Daniel Cúparo, que viene del Descueve y el cine publicitario, y Mariano Vera. El director es Diego Kaplan, también procedente del cine publicitario. Se pasa bien el rato, y hasta se puede ver en familia.


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